“El quiebre avanza” | Por María Corina Machado

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(Redacción A Todo Momento) — Venezuela no tiene Presidente ni Comandante en Jefe. Y el régimen se quiebra. Es un proceso doloroso y peligroso, porque la dictadura sabe que está aislada, acorralada y fracturada.

A partir del 2014, cuando salimos a la calle a presionar por el fin de la tiranía, Maduro perdió la calle y se desenmascaró en toda su crueldad. La despiadada y televisada represión y tortura lo calificó de ahí en adelante y para siempre: dictador. Allí se quebró lo que había heredado de respaldo popular.

En las elecciones de la AN en diciembre de 2015, las fuerzas democráticas obtuvimos 2/3 de los diputados, y se quebró la complicidad institucional del Parlamento con el régimen. Días después, el régimen designó inconstitucionalmente 34 magistrados principales y suplentes del TSJ, quebrando también la legitimidad de éste otro pilar del sistema.

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El quiebre de las finanzas públicas y la economía se aceleró desde la toma fraudulenta de Maduro del poder. Arrasaron las reservas de la nación, hipotecaron el oro, multiplicaron la deuda ocho veces, destruyeron la capacidad productiva del país, desataron una hiperinflación que ya supera 15.000% anual y acabaron con Pdvsa. Se robaron todo y quebraron la economía nacional.

La represión desenfrenada que empezó en 2014, siguió en 2016 y llegó al límite durante la rebelión popular de 2017, finalmente quebró también la complicidad y la inacción de la comunidad internacional. La democracia mundial entendió que un régimen forajido y fallido no tiene fronteras y es intolerable tanto por razones éticas y humanas, como por razones de seguridad y estabilidad de la región. Es inadmisible la instauración en este hemisferio de una narco-dictadura, íntimamente relacionada con el narcotráfico y el terrorismo,

El avance totalitario de Maduro y la decisión de imponer la farsa del 20 de mayo, a pesar de las advertencias externas, aceleró la aplicación de sanciones contra los culpables del desfalco más grande de la historia. Estas acciones han producido rupturas -algunas muy obvias y otras aún ocultas-, entre los grupos criminales que conforman el régimen, que se delatan y acusan entre sí. Por eso, también se quiebra el “pacto de mafias”.

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La ruina del país y con ello el incumplimiento de los compromisos con acreedores, ha detonado el quiebre de la paciencia de los mercados. ConocoPhillips, Rusoro Mining y otras transnacionales, han entendido que no podrán cobrar jamás sus deudas y derechos, a este régimen maula. Los más de 100 tanqueros inmóviles desde hace 28 días en las costas venezolanas, son el preámbulo del auto-embargo que el régimen impuso a nuestro petróleo. Los mercados son implacables, y no entienden de ofertas engañosas de los Zapatero de estos tiempos.

La quiebra del chantaje social tuvo un momento decisivo el 20 de mayo. Se quebró el chantaje del hambre. Se quebró el miedo. La desobediencia nacional se esparció por toda Venezuela en el ensordecedor vació de las calles ese día. Triunfó la dignidad, la conciencia cívica, la valentía.

Y se ha quebrado también, la obediencia en la Fuerza Armada Nacional. Ya son más de 200 militares presos, detenidos y desaparecidos. La entrega de la Soberanía al régimen cubano, la presencia de la guerrilla en el corazón de Venezuela, la amenaza al Esequibo y el hambre en los cuarteles; acabó con la subordinación silente a la narco-tiranía. Los hombres y mujeres de armas que se han negado a cumplir órdenes que violan sus juramentos, demuestran que el quiebre militar también ocurrió. Ellos cuentan hoy con el respeto de sus compatriotas.

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A Maduro sólo le queda el respaldo de la vergonzosa tutela cubana, de la delincuencia organizada -incluyendo aquí a una fracción muy reducida de la FAN- y de los cómplices que se disfrazan “de oposición”. Esto ya no es suficiente para sostener un régimen que se quiebra inexorablemente.

De las ruinas que deja la época más oscura de nuestra historia, comenzamos a reconstruir un país mucho mejor del que nunca tuvimos; con esfuerzo, audacia, honestidad y compasión. Tan grande y tan sólido que nunca más volverá a quebrarse.

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