(Redacción A Todo Momento – Brian Segura) La homosexualidad no es un tema reciente, ni un tópico del siglo XX; es una verdad que ha existido desde siempre, y el mejor ejemplo de ello es Grecia, que incluía entre sus rituales varoniles la experiencia gay como parte del inicio de la actividad sexual en los adolescente.
Pero hubo un batallón de guerreros que se definían por ser más que guerreros. Eran amantes: Se trata del Batallon Sagrado de Tebas.
Durante el siglo IV a.C. la polis de Esparta vive su época dorada. Tras la Guerra del Peloponeso (431-401 a.C.), la militar Esparta se ha convertido en la indiscutible dueña de la Antigua Grecia. Sin embargo, en la ciudad de Tebas nace una nueva unidad de élite, que fue capaz de doblegar a las fuerzas espartanas a pesar de ser superadas en número por los espartanos, algo que nunca antes había sucedido, en hecho que supuso un antes y un después en la historia griega, marcó el comienzo del declive espartano. Nació el Batallón Sagrado de Tebas.
Tebas fue, durante la Antigua Grecia, una de las ciudades más importantes y pobladas. Tenía un papel muy importante en la diplomacia, y fue el líder de la liga de Beocia, una unión defensiva de varias ciudades, antes el imperialismo ateniense y, posteriormente, espartano.
Durante la guerra del Peloponeso, Tebas se alío con Esparta y derrotaron a Atenas. En lo que en un principio era una guerra contra el imperialismo ateniense, pronto se convirtió en el inicio del espartano. Las intenciones de la liga del Peloponeso eran liberar las ciudades sometidas por los atenienses, sin embargo, cuantas más batallas ganaba Esparta, y cuantas más ciudades liberaba, más fuerte se hacía. Comenzó a dejar guarniciones en las ciudades “liberadas”, a instaurar gobiernos títeres en aquellas cuyos gobernantes no eran favorables a Esparta, había comenzado la época espartana, algo que Tebas no quería, y cuando el rey espartano Agesilao II cruzó a Asia Menor para enfrentarse a los persas, Tebas le negó ayuda, temerosa del aumento del poder espartano, es más, buscó aliados para enfrentarse a Esparta.
Dentro del ejército tebano se encontraba un batallón formado por 150 parejas, con una peculiaridad, eras parejas estaban formadas por 2 hombres, enamorados y amantes entre sí, en total 300 hombres. Uno de ellos era el “heniochoi” o conductor y el otro el “paraibatai” o compañero, ambos unidos por un juramento que le unía a su amigo/compañero/amante hasta la muerte, tanto en la batalla como fuera de ella. Componían un ejército de gran movilidad y tremenda moral. Los pensadores socráticos pensaban desde hace muchos años que un ejército formado por tales uniones de amantes sería indestructible. Puede que no fuese así, pero todavía no se había dado el caso de que ninguno de ellos hubiera huido del combate, dejando a su compañero a merced del enemigo.
Este cuerpo de élite, liderado por Epaminondas, fue el primero en vencer a Esparta en campo abierto, siendo inferiores en número, algo que nunca antes había pasado. Los 300 combatientes de Tebas se vieron las caras contra unos 1.000/1.800 espartanos en la batalla de Tegira (375 a.C). Esto fue el preludio de las batallas de Leuctra (371 a.C.) y de Mantinea (362 a.C.) que humillaron el poderío de los espartanos, golpes de los que nunca se recuperaron, colocando al Batallón Sagrado de Tebas como la fuerza más temible de sus tiempos.
Sin embargo nada es para siempre. Con la llegada de Filipo II de Macedonia (padre del futuro emperdaor Alejandro Magno) Tebas se volvió a ver amenazada, y recurrió a sus 150 parejas para salvar la ciudad. En el año 338 a.C. cerca de Queronea tuvo lugar una batalla decisiva en la historia griega. El emergente Imperio de Macedonia aniquilaría allí a sus adversarios tebanos y atenienses (principalmente), entre ellos, los 300 hombres del Batallón Sagrado de Tebas; acabando con la independencia de las polis griegas, e inaugurando una nueva etapa en la historia antigua.
El ejército tebano huyó cuando se enfrentó a las abrumadoras fuerzas de Filipo II y Alejandro, pero el Batallón Sagrado, rodeado, se mantuvo firme y cayeron donde estaban. Plutarco cuenta que Filipo, ante la visión de los cadáveres amontonados en una pila y entendiendo de quiénes se trataban, exclamó:
«Perezca el hombre que sospeche que estos hombres o sufrieron o hicieron algo inapropiadamente».
Aunque Plutarco afirma que los 300 componentes del batallón murieron ese día, otros escritores afirman que 250 perecieron y que el resto sólo fueron heridos. Estos datos fueron verificados en su tumba comunal en Queronea, en la cual fueron hallados 254 esqueletos, alineados en siete filas.