Aunque usted no lo crea por Alberto Soria

Imagen Cortesía Internet

(Redacción A Todo Momento) La ciencia no logra entenderlo. Pero es así. O mejor dicho, así funciona hoy. Los alimentos biodinámicos, aún más caros que los ya caros productos orgánicos, tienen cada vez más seguidores. En el mundo del vino, los que proclaman ser bio, crecen como hongos.

Ahora, ¿se puede tomar en serio un sistema de agricultura que sigue los ciclos de la luna y manda a enterrar en el viñedo cuernos de vaca rellenos de estiércol? pregunta Bibi van der Zee en The Guardian, Londres.

Los partidarios de esta millonaria etiqueta psicológica dicen que sí. Todos a coro. Pero desde la Unión Europea advierten que no es fácil conseguir financiamento. Cuando aparecen los cuernos con estiércol y el horóscopo planetario para plantar y cosechar, el capital (que siempre es temeroso), huye.

I

Han pasado 80 años desde que el austríaco Rudolph Steiner (1861-1925) pronunció las 8 conferencias que crearon la base de la agricultura biodinámica. Filósofo, firme partidario del esoterismo, vinculado al teatro y la arquitectura, nunca dirigió un viñedo ni hizo vino.

Hoy, los vinos que proclaman ser biodinámicos escalan, suben sus precios. Algunos llegan a figurar entre los más caros del mundo. Quien antes no lo era, buscan serlo. No venden más unidades. Producen menos, pero cobran más por sus etiquetas.

En la escalada de precios, los biole están ganando terreno a los pioneros en etiquetas emocionales, los orgánicos. Ahora globalmente casi todo proclama en su etiqueta ser orgánico. Del vino al té. Del cerdo a la manzana. Del queso al yogur. Del ají a la lechuga.

Se supone que una finca biodinámica es un organismo vivo en el contexto del planeta y del cosmos, que no usa productos químicos en la tierra ni con los animales, que sólo utiliza la medicina homeopática y los “preparados” (siete recetas creadas por Steiner), que emplea como abono los desechos vegetales y animales de la propia granja. Y que siembra y cosecha tomando en consideración la órbita de la Luna y las constelaciones.

“Soy especialista en suelos. – le cuenta el experto John Reganold a Van Der Zee– Cuando visito fincas convencionales, los agricultores nunca me hablan de la calidad del suelo. Sin embargo, cuando voy a granjas biodinámicas, sólo me hablan de eso. Y nunca se cansan”.

II

El precepto al final parece simple, fácil de entender: “Una tierra saludable produce comida y vinos saludables. Y la comida saludable, mentes saludables”.

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