
En el 2010, Álvaro Uribe declinó su participación electoral para su reelección como presidente de Colombia. Así cedió su apoyo a Juan Manuel Santos, su entonces amigo y exministro de Defensa. El resultado fue elocuente: gracias a la influencia de Uribe, Santos derrotó a Antanas Mockus con el 69,13% de la voluntad popular consolidada a su favor.
Santos, al asumir la presidencia, se acercó a Hugo Chávez, orientó sus políticas en favor a un hipotético proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Uribe dio el visto malo a dicho proceder y retiró su apoyo a Santos.
En las elecciones del 2014 Santos (ya sin el apoyo de Uribe) se enfrentó a Óscar Iván Zuluaga, y resultó vencido por casi un 4% de diferencia frente a Zuluaga, el vencedor de la primera vuelta de las elecciones colombianas.
Al respecto, el medio de comunicación digital Semana.com reseñó el “sólido liderazgo de Álvaro Uribe” al documentar que:
“En los días previos a las elecciones del domingo circularon varios chistes sobre la influencia de Álvaro Uribe entre los electores. En uno de ellos alguien hacia público su clamor al exmandatario: ´Uribe, dame luces. No sé sí votar por tu títere (Óscar Iván Zuluaga) o por el hombre que pusiste en la Presidencia, (Juan Manuel Santos) o por la exministra de Defensa que tanto te adora (Marta Lucía Ramírez), o por tu compañero de baile de aserejé (Enrique Peñalosa) o por tu exnovia (Clara López). Ilumíname, Uribe´.
En la noche del triunfo, Zuluaga leyó ante sus huestes un emocionado discurso que tuvo su momento de éxtasis cuando mencionó a Uribe.
Las dos anécdotas muestran una realidad indiscutible: Uribe es el gran líder político del país de las últimas dos décadas. Nadie como él interpreta mejor a un sector de colombianos, ninguno como él lo emociona. Amado por unos, odiado por otros, es innegable que Colombia sería un país bien distinto sin Uribe. Para bien o para mal, él es el único que ha marcado la agenda política de los últimos años con un poder decisorio que no tiene comparación”.
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