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ARGENTINA SE PARALIZA POR HUELGA GENERAL

Tres de las cinco centrales sindicales de Argentina paralizan este jueves el país por una huelga general que ha convocado para protestar por la inflación del 32%, alzas salariales que no la alcanzan, el recorte de subvenciones a las tarifas de gas y agua y la falta de actualización del impuesto a la renta. El paro se ha concentrado sobre todo en impedir el movimiento de personas. No funcionan los autobuses, los trenes, el metro de Buenos Aires, los camiones ni los aviones. Además de la huelga de los sindicatos del transporte, en los que tiene especial influencia uno de los líderes sindicales, el camionero Hugo Moyano, los partidos de la izquierda trotskista, que vienen ganando adeptos en las elecciones y en los gremios, han montado en toda Argentina unos 5O piquetes en autopistas, carreteras y calles que abortan la circulación de vehículos.

La mañana de este jueves comenzó con las calles casi vacías en el país sudamericano. Gendarmes que responden al Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner intentaron desalojar un piquete montado en la principal autopista de acceso a Buenos Aires, la Panamericana, con sus más de diez carriles de circulación, y varios militantes trotskistas acabaron heridos y detenidos. Los policías lanzaban balas de goma y manifestantes respondían con piedras.

Los líderes de las tres centrales sindicales que organizan la huelga no querían que esta vez se armaran bloqueos de tránsito, como sí habían hecho en la primera huelga contra Fernández, en 2012. Buscaban evitar incidentes. Dos de ellos son peronistas y de divisiones de la Confederación General de Trabajo (CGT): Moyano, que apoyó a los gobiernos kirchneristas desde sus inicios, en 2003, hasta finales de 2011, cuando comenzó a quejarse por la falta de presencia sindical en cargos políticos y por la persistente inflación; y Luis Barrionuevo, que siempre se opuso al kirchnerismo. El otro líder es de la izquierda moderada, Pablo Micheli, que encarna la rama opositora de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA). Pero el trotskismo no les hizo caso. Sus fuerzas crecen en las bases de los sindicatos enrolados en las cinco centrales, incluidas las dos dominadas por el kirchnerismo, y además su Frente de Izquierda ha logrado en las elecciones legislativas de 2013 una marca histórica al conseguir tres diputados. Su predicamento crece frente a la moderación del peronismo, ya sea kirchnerista u opositor, en sus reclamaciones.La huelga ocurre en plenas negociaciones salariales de los diversos sindicatos.

La huelga ocurre en plenas negociaciones salariales de los diversos sindicatos. Los maestros, que en la provincia de Buenos Aires pararon durante todo marzo, han conseguido hasta el 31% de alza. En el sector privado, en cambio, donde las empresas amenazan con despidos ante la caída de la actividad en el primer trimestre del año, sindicatos alineados con el kirchnerismo, como los metalúrgicos, los empleados de comercio y los obreros de la construcción, aceptaron entre aumentos de entre 26% y 29%. Pero la inflación, que hasta 2013 era del 27%, se ha acelerado hasta el 32% por la brusca devaluación del peso de enero pasado. Las autoridades anhelan acabar el año con menos de un 25% de inflación, pero no es seguro que los ajustes fiscal y monetario, la actual estabilización del peso y los acuerdos de precios entre el Gobierno y los supermercados vayan a resultar suficientes para lograrlo. Claro que si la actividad económica acaba creciendo solo 0,5%, como prevé el Fondo Monetario Internacional (FMI), la subida de precios se moderará.

Ya en 2013 ocurrió por primera vez en casi 11 años de gobiernos kirchneristas que la inflación superó el alza media de las nóminas, con lo que la subida de precios comenzó a erosionar el poder de compra de los trabajadores. Además, a partir de la devaluación también se ha caído el consumo de todo tipo de bienes, con lo que en algunas empresas ha habido despidos aunque acotados. El desempleo hasta 2013 era del 6,4% , de los niveles más bajos de las últimas tres décadas.

“Hay un fuerte acatamiento (a la huelga)”, destacó este jueves el sindicalista Barrionuevo. En cambio, el jefe de Gabinete de Ministros de Fernández, Jorge Capitanich, calificó la protesta como “un gran piquete con paro de transporte”. El subsecretario general de la Presidencia, Gustavo López, opinó que en esas condiciones no se podía medir el nivel real de adhesión a la huelga. En los días anteriores, muchos argentinos cancelaron sus actividades laborales para este jueves ante la previsión de que sería difícil transitar.

El kirchnerismo tachó al paro de “político”. El líder de la CGT pro gubernamental, el metalúrgico peronista Antonio Calo, anticipó que la huelga sería grande, pero dijo que no entendía sus razones. El jefe de la CTA kirchnerista, el docente Hugo Yasky, opinó que la huelga buscaba beneficiar al peronista opositor que encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales de 2015, Sergio Massa.

El sindicalismo opositor, en cambio, reivindica que para por la inflación y el ajuste. Con esto último se refiere a la reducción de subvenciones, que se ha complementado con subidas adicionales de la tarifa de gas, y a la decisión del Gobierno de Fernández de postergar de momento una actualización por inflación del impuesto a la renta.

Vía, Twitter
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