Guaidó, discurso y decisiones | Por Armando Martini

(A Todo Momento) — Guaidó, discurso y decisiones, por @ArmandoMartini

Juan Gerardo Guaidó Márquez, ingeniero, Diputado por el estado Vargas. Desde este 5 de enero de 2019, ejerce como Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, siendo la persona más joven en ocupar el cargo. Es dirigente del partido Voluntad Popular, y da un nuevo paso en su carrera obligado a asumir una responsabilidad y un discurso nacido para hacer historia.

Tiene en las manos una situación explosiva que le entregan con la mecha encendida. La pregunta es si Guaidó es bombero o explosivista. La interrogante paralela ¿Le corresponde a él y al cuerpo legislativo que preside definir la situación del Poder Ejecutivo a partir de esta semana? ¿No tiene algo que decir el Tribunal Supremo de Justicia que esa misma Asamblea -con Guaidó incluido- primero eligió constitucionalmente, luego dejó a su cuenta/riesgo y hoy algunos intentan implosionar políticamente?

Su primer discurso ha generado reacciones, especialmente, en las definiciones sobre el vacío de poder y la usurpación, ya que, podría utilizarse como razón para justificar situaciones indefinidas que signifiquen evadir, no asumir el nombramiento del ejecutivo, correr la arruga, llamando a la lucha contra la usurpación mientras pasan los años. No obstante, en términos generales, coinciden en señalarlo de reflexivo y ordenado, logró identificarse con quienes padecen y sufren, resultó esperanzador, que tanta falta hace en este momento que vive la República. Tuvo recados hacia los militares, para los que creen e incrédulos, sus compañeros diputados y hasta para los parlamentarios del Psuv.

Por momentos pareció un monaguillo, por su abundancia hacia la iglesia, y pareciera -al menos dio la sensación- que esperaba un milagro -¿acaso no es lo que muchos siguen esperando, pretexto habitual para quienes nada hacen? Reconoció errores y omisiones, valor que lo enaltece, siempre que sea con arrepentimiento sincero y contrición, es decir, convencimiento.

Pero la alocución genera una incógnita que inquieta: ¿el ciudadano común, hambriento, angustiado, harto, enfermo y frustrado, lo habrá escuchado, lo habrá entendido?

El gran reto como presidente de la Asamblea Nacional, empieza por cuidarse a fondo de sus propios compañeros de Junta Directiva, manipuladores de oficio, politiqueros practicantes y reconocidos por su cercanía con el dúo Cabello/El Aissami. Y sigue por manejar con extremo cuidado, sin rebeliones, pero también sin complacencias, los designios de su jefe partidista, practicante de varios tableros simultáneos, además de preso político, rehén de la dictadura, amenazado él mismo, su esposa e hijos.

En un club presuntuoso, a veces procaz donde la hipocresía y el secretismo son hábitos de vida, Guaidó deberá decir la verdad, aunque dura, difícil y repugnante, denunciar públicamente, sin miedo a los que, con simpatía cómplice, pretendan entorpecer el camino hacia la democracia y libertad. Razones por las cuales, las expectativas se evaporan. Han sido numerosos los engaños y traiciones a los ciudadanos.

Algunos insisten en darle el beneficio de la duda, hay que hacerlo, condicionado ese beneficio, como bien lo expresara la Fraccion16J. También comprender el escepticismo (actitud de duda hacia el conocimiento, hechos, opiniones, creencias declaradas, o afirmaciones tomadas por supuestos en otra parte), de muchos, visto los partidos que los respaldan, los mismos fracasados de años, y el largo historial de colaboración con el régimen, por lo que, esperar algo luce ingenuo.

El que seamos crédulos por un brevísimo tiempo, no nos hace cómplices ni participes; es una manera de que la ciudadanía de oportunidad a quien crece con pocas manchas tras iniciarse como víctima de la violencia del ecosistema, egoísmo ideológico e incompetencia gerencial del para entonces nuevo Gobierno chavista. Evaluemos por sus frutos y no por sus palabras. Gran verdad que olvidamos con frecuencia.

Universitario que ha luchado contra la vida y naturaleza, hasta ahora venciendo en estos tiempos los cuales la palabra empeñada se desempeña con descarada facilidad y el embuste es parte esencial de la acción política. El discurso en la mayoría de los casos, no tiene relación con el desempeño en este país nuestro en el cual, para adormecernos aturdiéndonos, han existido de sobra, “picos de oro”, que besan viejitas, mitinean a multitudes sordas sólo con oídos abiertos a los rítmicos tambores para bailar y desfilar.

Pero al mismo tiempo, gracias a la indescriptible mezcla de incompetencia con crueldad aplicada del régimen, más venezolanos han aprendido a escoger, analizar y esperar precisiones. Una ciudadanía capaz de romper con esperanzas, sueños, irse del país, o aferrarse dentro para una espera que es exigencia de cambios profundos. Son los ciudadanos que, más allá de las sedes partidistas, exigen que se asuma con responsabilidad la ejecución de los compromisos y diputados con jefes políticos no se sienten esperando que, por azar o imprevisible destino, el país estalle. Actitud insensata e imprudente, porque de los estallidos se escucha el ruido, pero las humaredas nunca dejan ver lo que viene después.

Hay que insistir en la fuerza internacional -que no es desembarco militar como en las películas-, institucional y ciudadana que, con coraje y coherencia, asuma el adeudo con el futuro; es el pueblo organizado en la calle unido y no un grupo que solucione la problemática de una nación empezando por los propios y sus particulares bolsillos.

Habrá cambio sólo cuando de la protesta reivindicativa se pase a la rebeldía política seria, ideológica, no sólo de ambiciones personales; cuando el cambio deje de ser un deseo y se convierta en voluntad, coherencia, coraje. En el momento que se comprenda, que la solución empieza en convicciones ciudadanas y se ejecuta en acciones. Llegado ese punto, habrá transición, ajustes y, recuperación. Entonces será el tiempo.

Escribe tu opinión