Un día como hoy de hace 69 años murió el escritor Pedro Emilio Coll

(Redacción A Todo Momento-Armando CollRecordado sobre todo por ser el autor de “El diente roto”, un clásico de la narración breve hispanoamericana, Pedro Emilio Coll, nacido en Caracas en 1872, fallece en la misma ciudad el 30 de marzo de 1947, para así culminar una existencia consagrada a las letras si bien el hombre prestó sus saberes a faenas de Estado y cargos diplomáticos.

Su padre, Pedro Coll Otero, era propietario de la imprenta Bolívar en la capital venezolana, un espacio que congregaba a un escogido grupo de intelectuales, ámbito en el que crecería y se formara quien sería un prolífico escritor. Ensayista y narrador de prosa culta aunque diáfana, fue uno de los principales miembros de una generación de creadores modernistas, universales sin reparar en el autoctonomismo que aún impregnaba las letras de la América hispana. A sus 22 años, funda junto a Luis Urbaneja Achelpohl y Pedro César Dominici la revista literaria Cosmópolis, plataforma de irradiación de una renovadora estética. Sería asiduo colaborador de El Cojo Ilustrado, emblemática publicación del despertar de Venezuela al influjo del siglo XX, en la que en ocasiones firmaba con los seudónimos Juan de Caracas y A.R. Lequín.

Durante su vida pública, en 1899 perteneció a la directiva del Ministerio de Fomento, ocuparía cargos diplomáticos en el Reino Unido, España y Francia. Desde 1913 fue Ministro de Fomento y luego sería Secretario de Instrucción Pública, Fiscal de Bancos, Senador y Presidente del Congreso Nacional. En 1936 fue nombrado ministro consejero en Washington sin asumir el puesto.

Coll, no obstante los cargos públicos, siempre tuvo en la literatura su vocación esencial y fue Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua y de la de Historia.

Entre sus primeras publicaciones se encuentra una suerte de manifiesto titulado “Para algunos de mi generación”, en el que se lee:

El día siguiente de las revoluciones fue un día amargo para ti ¿oh mi hermano! Los hombres en quienes habías puesto tu fe traicionaron tus ilusiones. La idea, interpretada por los políticos, se rebajaba al nivel de una vulgar ambición. En la confusión del bien y del mal has estado a punto de ser un sectario. Sin embargo, tu espíritu no se ha acostumbrado a la resignación y está ansioso de verdades” (Puede leerse completo http://ficcionbreve.org/elcojo/fic_pec0.htm )

La importancia y vigencia del celebrado relato “El diente roto” trasciende lo meramente formal: en esta narración el autor enuncia un arquetipo nacional. Trata el argumento de un niño que de travieso y atorrante, súbito torna a un solemne ensimismamiento. Los padres de Juan Peña, protagonista del cuento, ante tan radical cambio de temperamento lo presentan al médico que diagnostica al niño completamente sano, “mejor que una manzana” y opina que su cambio de conducta se debe a un padecimiento que distingue a pocos: “el mal de pensar”.

A partir de ese momento, Juan es obsequiado por las mayores consideraciones de una sociedad fácilmente impresionable por lo ignorante; se lo toma por genio y se le conceden los honores y puestos que su presunto don supone. Pero, Juan lejos de pensar, se limitaba a la simple diversión de acariciar con la lengua su diente roto por un guijarro en medio de una reyerta colegial, de las que otrora protagonizaba. La delectación que le proporcionaba el tacto lingual con la sierra del diente dañado era tal que lo abstraía de todo lo mundano.

Llegado el momento, a punto de hacerse de la Presidencia de la República, sin otro mérito que el que su boca esconde, Juan Peña es sorprendido por una apoplejía.

Con mejor fortuna, tal vez, que Juan Peña, la historia política de Venezuela está poblada de “dientes rotos”. Para muestra, un botón.

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