Se cumplen 75 años de la muerte de la escritora Virginia Woolf

(Redacción A Todo Momento) La trágica figura de la escritora inglesa Virginia Woolf  (Londres, 25 de enero de 1882-Lewes, Sussex de 1941) ha dado pie a variedad de conjeturas en torno a su vida, su temperamento, su sexualidad, y a tendenciosas apropiaciones de su memoria, como suele suceder con personalidades en controversia.

La prolífica escritora y periodista, autora de Las olas y Orlando –sus obras más celebradas–, y que hoy cumple 75 años de su muerte por suicidio, nació como Adeline Virginia Stephen, hija del el novelista, historiador, ensayista, biógrafo sir Leslie Stephen (1832-1904) Julia Prinsep Jackson (1846-1895), mujer célebre por su peculiar belleza y que sirviera de modelo a varios pintores de la escuela pre rafaelista. Creció en un entorno de artistas y escritores, asiduos visitantes del hogar de los Stephen, entre los que destacaban  Alfred Tennyson, Henry James y Edward Burne-Jones. Adopta el apellido Woolf al casar con el economista Leonard Woolf, quien se convirtiera en su gran compañero en una vida signada por el padecimiento de una enfermedad psíquica. Virginia era bipolar, cuadro clínico que la psiquiatría de entonces no había incorporado.

Virginia conoció a Leonard en el famoso círculo intelectual de Bloomsbury que reunía entre otros a  escritor E.M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russel y Ludwig Wittgenstein. Más tarde, se sumarían la pintora Dora Carrington y los escritores Gerald Brenan y Lytton Strachey. En su temprana juventud, Virginia cursaría estudios en el Kings College de Londres.

Virginia manifiesta su padecimiento desde niña y con la edad graves episodios de depresión recurren cada vez más: “Cuando muere la madre, sufre un colapso; con la del padre tiene una crisis muy grande. Sufre otra al poco de casarse. Y al terminar los libros tiene grandes momentos de inseguridad. Esas son crisis relacionadas con sus libros y su repercusión, distintas de las otras, en que escucha voces y tiene alucinaciones”, escribe la argentina Irene Chikiar Bauer en Virginia Woolf, la vida por escrito, la única biografía escrita en castellano de la heroína de Bloomsbury.

La vida de Virginia Woolf, se sabe, no es fácil de reconstruir o aprehender en su significado existencial. Su tránsito por este mundo se antoja tan huidizo como su muerte al entregarse al caudal del río, los bolsillos de su abrigo cargados de piedras para asegurar la disolución en las aguas. La única pista la aportan su obra, sus diarios y sus elusivas cartas.

 “En lo que no se escapa», apunta Chikiar Bauer,  “es de una sutileza implacable, si estas dos palabras pueden ir juntas, es en la captación de lo que son las sensaciones, la sensualidad de las imágenes visuales o auditivas. Su prosa es poesía. No encuentra uno tanta poesía en muchos poetas. Es tan profunda y tan sutil en el análisis de los conflictos de su vida y elabora de forma literaria mucha de su problemática, desde Fin de viaje, en el que habla de las relaciones entre hombres y mujeres y esa imposibilidad de comunicación entre unos y otras”

Sobre si se asumía a sí misma como una pionera del feminismo, que tanto debate genera aún, Chikiar Bauer sale al paso al señalar un punto de vista femenino, aunque matiza: “Ella (Virginia) propone que el escritor sea un ser andrógino, con la parte femenina y la masculina, y viene a decir que ella es ese tipo de escritor (pero) Es cierto que, ya en vida, al leer Virginia Woolf algunas cosas que se escribían sobre ella, no les daba importancia, se burlaba. Ella defiende al lector común frente al académico y su verdad última”.

Estalló la II Guerra Mundial, el Reino Unido se declara en guerra con Alemania, Londres es bombardeado y la casa familiar de los Stephen es destruida por las explosiones. La catástrofe bélica se suma al cuadro depresivo de Virgina, quien el 28 de marzo de 1941 a la orilla del río Ouse decide terminar sus días cual Ofelia.

Como otros intelectuales y creadores en esos años oscuros, como Stephen Zweig y Walter Benjamin ante el avance destructor del nazismo, prefirió quitarse la vida antes que atestiguar lo que parecía el final de la Europa secular.

La fascinación por Virginia Woolf no cesa tras tantos años; mucha es la tinta que ha corrido en torno a su vida y obra. En el teatro se hace metáfora en la obra de Edward Albee, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1962) llevada al cine por Mike Nichols en 1966. También en cine se estrenó Las horas (2001) basada en una novela homónima de Michael Cunningham que gira en torno a la novela de Woolf, La señora Dalloway, e incorpora a la propia Virginia como personaje, encarnado por la actriz Nicole Kidman, premiada con el Oscar por esa interpretación.

 

Con información de elmundo.es

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