Vudú economía | Por José Toro Hardy

(A Todo Momento) — Vudú economía | Por José Toro Hardy @josetorohardy

Para enfrentar la crisis Maduro descubre una “fórmula mágica” que “por primera vez se está haciendo en la historia económica del mundo”. Se trata de medidas aisladas, incoherentes, reñidas con la ciencia económica y a veces inconstitucionales.

El síntoma más grave es la hiperinflación. Se origina en la práctica inconstitucional de exigirle al Banco Central que financie el gasto público. El organismo emite, vía digital, cantidades inimaginables de dinero que solo existen en la red. La liquidez monetaria en poder del público supera ya los 4 billardos (10^15) de bolívares fuertes, causa fundamental del desenfrenado aumento en los precios.

En lugar de enfrentar el problema, el régimen recurre al maquillaje de quitarle 5 ceros y cambiarle el nombre a bolívar soberano. Mientras no se elimine el déficit fiscal y no se le devuelva la autonomía al BCV para que no siga financiando el gasto público, la hiperinflación seguirá campeando por sus fueros.

El presidente promete eliminar el déficit fiscal, pero acto seguido ofrece un discriminatorio “bono de reconversión monetaria” de 60 millones de bolívares fuertes a los portadores del carnet de la patria y, además, aumenta el salario mínimo a 180 millones de bolívares que la administración no puede cubrir sin recurrir a un tsunami de bolívares soberanos emitidos por el BCV. Para colmo le ofrece a las empresas privadas que si ellos no pueden pagar el aumento el gobierno los ayudará.

Y advierte: “No voy a aceptar que aumenten los precios porque aumentaron los salarios”. Pregunta ingenua: ¿Y cómo van a pagar el aumento de salarios si no aumentan los precios?

Muchas empresas cerrarán sin siquiera liquidar a sus trabajadores, pues, como la liquidación se hace con base en el último salario, las reservas para prestaciones no alcanzarán.

Anuncia también el nuevo bolívar soberano “anclado” al petro. Pero a su vez vincula el petro al valor de las reservas de hidrocarburos. Tanto la Constitución como la Ley orgánica de hidrocarburos establecen que las reservas de hidrocarburos en el subsuelo son “imprescriptibles e inalienables”. No pueden usarse como garantía, a pesar de la payasada de traspasarle al BCV un campo de la faja del Orinoco.

Hay países que anclan sus monedas a otras más sólidas, como el dólar. Pero el petro –que ha sido sancionado por Estados Unidos y declarado ilegal por la Asamblea Nacional– no es un “ancla”, es un yunque atado al cuello del bolívar soberano. No logra aceptación porque su valor depende de dos temas: escasez y confianza. Tal como lo hizo con el bolívar fuerte, el régimen hará emisiones ilimitadas de petros. Un instrumento emitido por un gobierno que ni remotamente entiende el tema de la disciplina fiscal es incapaz de inspirar confianza.

Las medidas anunciadas por el Ejecutivo implican una megadevaluación que en un día pasó de 240.000 bolívares a 6.000.000 de bolívares por dólar. Al aceptar ese tipo de cambio el gobierno reconoció que el mercado paralelo no dependía de Dolar Today sino de sus enormes emisiones de dinero “inorgánico” para financiar el gasto socialista.

Me temo que el bolívar soberano sufrirá la misma suerte. Antes de un año habrá que quitarle muchos ceros más.

Y está el tema de la gasolina. Es inaceptable que mientras exoneran del pago del ISLR a Pdvsa y a las empresas mixtas, pretendan cargarles a los venezolanos un aumento de 70.000 veces al precio de la gasolina. ¡Claro que hay que aumentarla, pero no así! Y además, una vez más, la discriminación que viola el artículo 21 de la Constitución al otorgarle un subsidio a quienes tengan carnet de la patria.

Para rematar está el aumento del IVA del 12% al 16% aplicable a consumidores depauperados y adelantos semanales de ISLR a empresas sin utilidades.

El aumento del salario debería mejorar la capacidad de consumo, pero con niveles de producción tan deteriorados el efecto inevitable será mayor inflación. A la vez, solo beneficiaría a 50% de los trabajadores que están en el sector formal, pero su impacto inflacionario perjudicará al 100%.

El resultado final de las medidas será un ejército de nuevos desempleados, estimado en más de 3,3 millones de trabajadores, y una hiperinflación que ya estaba en fase de aceleración pero que ahora se elevará a niveles que la razón se resiste a comprender.

El Nacional.

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