Septiembre 1 / Abril 19: decisión de libertad

Por Armando Martini Pietri

No es hora de preguntarnos si iremos o no a la toma de Caracas. No es tiempo de buscar argumentos para no sentirnos obligados, a menos que tengamos paciencia, aguante y cerviz de esclavos. ¿Es lo que queremos ser? Son muchos los indiferentes, los apáticos, los incrédulos, también están los burlados, engañados y defraudados. Se entiende, se respeta pero ya no se justifica y precisamente por ello, hagamos una excepción, un aparte, un paréntesis en los múltiples desengaños y vamos a incorporarnos como uno solo en este encuentro patriótico de multitudes. No perdamos la oportunidad de participar en lo que puede ser equivalente a lo que simbolizó aquel 19 de abril 1810 que cambió nuestra historia, y que hoy puede representar el 1 de septiembre 2016.

Si nuestro deseo es como el de los libertadores, es momento de pasar por encima de los obstáculos y pretextos. Si logramos ver un poco más allá de nuestras narices, podremos comprender cómo frente a ellas nos han venido robando la patria. No sólo la han saqueado, sino que escupiéndonos en la fe y confianza han creado una nueva clase revolucionaria de ladrones civiles y militares que, además de dinero, quieren quitarnos, y con descaro e impunidad nos los restriegan, nuestros derechos constitucionales a protestar, reclamar y elegir. ¡Inaceptable, absurdo e injusto!

Muchos venezolanos de los diferentes sexos, edades, religiones, colores y condiciones socio-económicas, de todas las regiones, han dado y sacrificado sus vidas, sus estudios, sus carreras y oficios, sus familias y destinos, a la lucha para que todos los ciudadanos tengamos libertad de pensamiento, de opinión, de trabajo, de vivir en paz, de esforzarnos por nuestro bienestar. Una constante de honor desde el siglo XIX para orgullo y compromiso, porque hemos sido nosotros los auténticos forjadores de libertad.

Demasiados han sido, generación tras generación, como para que los 30 y tantos millones de estos tiempos sigamos aguantando resignados las marañas de mentiras, torpezas y abusos de quienes ofrecieron revolución y cambio positivo. Sin embargo, sólo nos han dado años de errores y motivos para avergonzarnos, además de despilfarrar el patrimonio nacional en regalos a zánganos, parásitos, vividores y gorrones desfachatados que se tragan su desvergüenza a cambio de unos cuantos barriles de petróleo y un puñado de monedas.

Dilatar descaradamente y finalmente no realizar el referendo revocatorio no es sólo una estafa nacional, tanto para opositores como oficialistas, pues todos tenemos derecho a revocar o confirmar al Presidente de acuerdo al saber y entender de cada cual, sino también un reto frontal contra nuestra dignidad, decoro, principios éticos y morales de decencia ciudadana.

Es importante, vital, clave, necesario que este jueves 1 de septiembre ¡NOS HAGAMOS VISIBLES!; le digamos al mundo cuántos somos y los millones que representamos. Que se deleiten fotógrafos, twiteros, reporteros gráficos, filmadores, periodistas, comunicadores, aficionados, narradores y hasta los chismosos habituales. Que se llenen de asombro y transmitan al mundo tan maravillosa e imponente manifestación, que no les quede alternativa al oficialismo y al gobierno de Maduro, Cabello, Jaua, El Aissami, Rodríguez y demás reos del desastre que razonar, entender y sobretodo, aceptar su fracaso. Que no exista más remedio que comprobar y convencerse de que no son queridos ni respetados, sino abrumadoramente rechazados por la aplastante mayoría de un pueblo que ya no cree en ellos, que perdió la confianza, tras soportar años de oprobio oyéndolos y viéndolos mentir, equivocarse, derrochar el nombre, honor, patrimonio y necesidad venezolanos.

Este jueves 1° de septiembre debe refrendar el coraje, valor y orgullo de “seguid el ejemplo que Caracas dio” de un pueblo que el 19 de abril tomó del brazo al representante del tirano español y lo hizo asomarse a un balcón para tragarse el rechazo público “¡No lo queremos, no lo queremos!” y admitir que había perdido la jefatura: “Si no quieren que gobierne, yo tampoco quiero mando”, con lo cual él también dio un ejemplo de dignidad. Con una diferencia importante, fundamental: en este tiempo no es una élite ilustrada la que impulsa la bandera y decisión de libertad. Ahora es más del 80% de los integrantes del pueblo quien, con el gallardete desplegado del honor, reclama el regreso a la prosperidad que, con virtudes y defectos, este país demostró ser capaz de desarrollar.

Este 1-Sep no es un día para quedarse en la seguridad y confort del hogar, ver televisión ni oír la radio o hacer colas humillantes por un manojo de comida. Es una jornada de profundización de la protesta. Dejarles muy claro, clarísimo, a militares y policías que tienen que decidir entre respaldar a la gran mayoría de los ciudadanos o ser ejecutores y carceleros del pueblo al cual pertenecen.

Este jueves es jornada de valor nacional para que el mundo entero sea testigo de que los venezolanos ya no seremos más peones cómplices ni complacientes de la tiranía castrista, ni de la torpeza injustificable de algunos secuaces y, menos aun, de una revolución ficticia que nunca fue más que capricho e ignorancia de criminales afortunados. Incluso sinvergüenzas y cínicos que aprovechándose de pendejeras varias, cambiaron y abandonaron su pandilla hamponil, después que ayudaron a saquear y saquearon a su vez la botija ciudadana, se mudaron descaradamente a la oposición en beneficio propio de sobrevivencia, buscando y encontrando impunidad a sus delitos, tropelías y abusos. Deberán ser denunciados, expuestos públicamente y hacerles pagar con cárcel y desprecio popular sus infracciones. Pero eso será después, hagamos ahora lo que tenemos que hacer.

Este 1 Septiembre todos, sin excepción, estamos comprometidos con la conciencia en la mirada y en la voluntad de cambio total por nuestros hijos, nietos y los que vendrán mañana, adueñarnos de las calles como participantes, patronos de nuestro destino, herederos de la sangre ardiente libertadora. Los venezolanos mostraremos al mundo si somos roedores de la tiranía o abanderados de la libertad.

¡Que Dios bendiga a Venezuela y a quienes en ella, tuvimos la distinción de haber nacido o adoptado como patria!

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