Roboam, Ceausescu y siguiente

Por, Ovidio Pérez Morales

Al rey bíblico Roboam se parece el jefe rumano comunista Ceausescu y lo imita nuestro Presidente.

Esta reflexión surge a propósito del endurecimiento del Régimen venezolano en el escenario de la gravísima crisis nacional, la cual tiene su raíz y explicación última en el esquema ideológico-político oficial, identificado como Socialismo del Siglo XXI y formulado como Plan de la Patria. Este esquema se inscribe en el árbol genealógico marxista del socialismo “real”, que exhibió su inviabilidad y fracaso históricos con los acontecimientos de la Caída del Muro y el derrumbe de la URSS.

 El desmantelamiento del bloque comunista se dio, por cierto y de modo desconcertante, sin violencia manifiesta; se desintegró como un castillo de naipes o una casa de arena. En el bloque soviético la presión global ciudadana forzó pacíficamente, no sólo un cambio de dirigentes, sino también de sistema. Todo ello –es preciso destacarlo-, sin mortandad alguna ni trágicos enfrentamientos, excepto el caso de Rumania con Ceausescu.

En el Antiguo Testamento nos encontramos con un rey, que no entendió la magnitud de la crisis nacional que enfrentaba y se obstinó en mantener una política destinada al desastre general. Se trata de Roboam, hijo de Salomón –sabio trastocado en opresor- de quienes nos habla el Libro I de los Reyes, capítulo 12. Al morir su padre, el pueblo pidió a Roboam aligerar el yugo insoportable de Salomón, pero el nuevo Rey, en vez de aflojar, anunció con todo descaro a sus súbditos que más bien les aumentaría cargas y  azotes. Así pues, antes que la comprensión y la sensatez esperadas, el monarca exhibió soberbia y prepotencia. El pueblo entonces lo desafió: ¿Así son las cosas? ¡Quédate con tu poder que nosotros montamos tienda aparte! Fue así como el Reino se partió en dos (Norte y Sur), con el consiguiente debilitamiento del conjunto y su posterior destrucción por asirios y babilonios.

Ceausescu en Rumania copió el proceder de Roboam. El bloque soviético ineludiblemente moría y él se obstinó en mantener con vida su socialismo, a pesar de que la gente lo rechazaba. No supo leer los signos de los tiempos y forzó una salida violenta con numerosas víctimas (comenzando por él mismo). El cambio lo arrolló y también lo enterró.

La analogía de nuestra situación con las de Israel-Roboam y  Rumania-Ceausescu salta a la vista. El pueblo venezolano reclamó de modo muy claro el 6D un cambio de rumbo y  hoy ardorosamente exige se le obedezca a través del muy constitucional y urgente RR16. El Gobierno, sin embargo, antes que ablandar su autoritarismo suicida y destructor, aprieta más la tenaza y exhibe su agresividad.

Estoy esperanzado, sin embargo, en que Venezuela saldrá adelante este 2016. No sólo por mi radical motivación cristiana. Sino porque los signos de los tiempos del presente nacional evidencian la decisión militante de la gran mayoría de los venezolanos: cambiar el socialismo castrochavista destructor por una convivencia pacífica, pluralista, libre, solidaria, proactiva y productiva.

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