Migración y deportación por Luis Gerardo Gabaldón

(Redacción a Todo Momento) Las migraciones masivas desde el Medio Oriente han hecho realidad la metáfora de Homero sobre el oscuro ponto. Un mar, otrora interior de un imperio, transformado en tumba de millares que escapan de la guerra, la hambruna y la persecución, para refugiarse en el núcleo de lo que fuera el territorio que dio origen a Europa, amenazando ahora su identidad y su modo de vida.

De este lado del mundo, uno de los aspirantes a sucesor, a diferencia de Caracalla, quien extendió la ciudadanía a todos los habitantes del imperio, propone cerrar las fronteras y exiliar a muchos de quienes ya están dentro del territorio nuclear, probablemente porque la tributación individual se ha hecho irrelevante. Entretanto, la segregación y la estratificación avanzan, mientras se proclaman las virtudes de la globalización y la universalidad.

Un estudio reciente (Wong, 2015) se ha dedicado a examinar las  prácticas utilizadas para contener la inmigración no deseada por un grupo de 25 países que atraen inmigrantes (Europa, Estados Unidos y Australia) en la primera década del nuevo milenio. Algunos resultados  son la fuerte correlación de los gobiernos de derecha y del incremento de la representación legislativa de los partidos de extrema derecha con las deportaciones, así como una asociación significativa entre éstas y las elevadas tasas de desempleo de los países receptores.

También existe asociación entre el flujo de solicitantes de asilo político y la tasa de deportaciones. En cuanto a la coacción interna,  se observa que la representación legislativa de la derecha parece disminuir la proporción de centros de detención, mientras el aumento de solicitantes de asilo parece incrementarla, sugiriendo que la utilización de mecanismos disuasivos diferenciados responde a variables complejas que inciden en el cálculo del costo/beneficio de las decisiones de expulsar o encarcelar.

El producto interno bruto del país receptor varía en relación inversa con el flujo de quienes procuran asilo, indicando una lógica específica y sugiriendo políticas de contención más explícitas para estos migrantes a medida que aumenta la potencia económica del país receptor. Para alertar frente al fetichismo jurídico, se observa que la ratificación de tratados multilaterales que mejoran las condiciones de los migrantes parece estar en relación inversa con la voluntad de aplicarlos y directa con el beneficio esperado mediante envío de remesas, por parte de los países ratificantes.

Este estudio contribuye, más con datos que con teoría e interpretación, a capturar  tendencias recientes en la respuesta de países afluentes frente a los flujos migratorios. Si bien se echa de menos un abordaje menos segmentario y más integrado, los resultados   permiten una aproximación a las políticas públicas de países receptores  en perspectiva multifactorial, en un área donde predominan la reserva  y el impacto visual fugaz y deleble, propios  de la lógica comunicacional de  nuestros días.

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