¿Y los hombres de Estado?

Por Lic. Leandro Rodríguez Linárez

Sí usted acude a solicitar un honroso puesto de trabajo de vigilante o personal de mantenimiento los empleadores procederán a solicitarle un currículo, referencias personales y laborales, usted tiene la obligación de comprobar todo lo que allí  ha colocado.

Ahora bien, el Artículo 227 constitucional señala “Para ser elegido Presidente de la República o elegida Presidenta de la República se requiere ser venezolano o venezolana por nacimiento, no poseer otra nacionalidad, ser mayor de treinta años, de estado seglar y no estar sometido o sometida a condena mediante sentencia definitivamente firme y cumplir con los demás requisitos establecidos en esta Constitución”, al respecto.

Al parecer, para ser presidente de Venezuela la pericia, la experiencia y la preparación no cuentan, sí para cualquier empleo de muchísima menos responsabilidad, envergadura. No pretendemos hacer creer que un profesional conspicuo, solo los letrados o los alcalde/gobernadores exitosos (sí es que los hay) son una vía indefectible a presidencias inmaculadas e impolutas, ya vendrán quienes con alegatos totalmente válidos refuten este planteamiento, lo que sí estamos absolutamente seguros es que los riesgos de gestiones públicas fracasadas se disminuirían abruptamente.

Es imperdonable que para ser presidente de Venezuela los habitantes de este país no ponderemos elementos cualitativos de los candidatos. No hace falta empero establecer normativamente este comportamiento, bastaría con incorporar en nuestra cultura política esta inteligente conducta, premiando alcaldes, gobernadores y/o ministros exitosos, así realizaríamos elecciones presidenciales mucho más sanas a los fines del Estado e incrementaríamos la obtención de políticas públicas nacionales cónsonas con la formidable competitividad natural y de recurso humano que ofrece este desaprovechado país.

Durante la llamada IV República tampoco se ponderó lo cualitativo, fueron los “hombres partidos” lo que apresaron la codiciada silla en Miraflores, en esta V República esa patología política se agravó trágicamente, han llegado a ocupar la silla presidencial un Lic. Leandro Rodríguez Linárez ex golpista de Estado, cuya única experiencia administrativa previa (así lo hizo saber) fue administrar una cantina militar. Luego, un personaje cuyo único mérito ha sido secundar la fecundación de un legado plagado de errores, oscurantismo y opacidad ¿De qué nos quejamos?

 Los venezolanos debemos diferenciar lo que es un “hombre partido” y un “hombre de Estado” al frente de nuestro país; el primero discrimina, es inmediatista, basa su accionar en el partido, el centralismo, la concentración de poder, es decir, condena al país a gestiones mediocres. El segundo, centra su gestión en la institucionalidad, en la jerarquización de las necesidades sentidas, la descentralización, sobre todo, gobierna sentado no desde una silla en Miraflores, sino desde los diferentes aprestos que tengan los diversos sectores del país, sean laborales, industriales, gremiales, estudiantiles y pare de contar

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