A pesar de la ineptocracia, el ciudadano se impondrá | Por Armando Martini

(A Todo Momento) — A pesar de la ineptocracia, el ciudadano se impondrá | Por Armando Martini

Ante la crisis política, social, económica, moral, ética, de principios-valores y buenas costumbres ciudadanas que padece Venezuela, llegó la hora de la rebeldía y desobediencia constitucional, además de objetar la politiquería barata, constituida por la depravación arbitraria y tiránica del régimen opresor con los soplapollas y el pacto partidista; se impone con urgencia inaplazable la toma de providencias vinculadas con el mandato ciudadano del 16-J y los categóricos resultados que arrojó la voluntad popular en el simulacro de elecciones del 20-M, en los cuales quedan desenmascarados el régimen y sus cómplices opositores.

Un sector de la oposición MUD mutado para engañar en Frente Amplio, adulterando la Secretaría General, falsificándola en Junta de Conducción –¡patéticos!– que incurrió en la imperdonable irresponsabilidad al desconocer los resultados del 16-J ignorando y menospreciando a 7,5 millones de venezolanos.

Y, por si fuera poco, a pesar de las innumerables advertencias de la inconveniencia de asistir a la mesa de negociaciones sin tomar las previsiones que demandan la lógica reflexión, desafiaron y desatendieron los avisos de angustia, burlándose una vez más, y caprichosos continuaron, para culminar en el vergonzoso final de rotunda frustración y desengaño –como es del conocimiento público nacional e internacional–.

A pesar de ello, no reconocen sus errores ni aprenden, empeñándose perturbados y testarudos en la estulticia estratégica de continuar traicionando a la ciudadanía, embrollando y confundiendo a la comunidad internacional, haciéndole un inmenso favor a la dictadura.

El mundo democrático reconoce como legítima a la Asamblea Nacional, pero el Poder Legislativo, demostrando pánico más que desgano, se enmaraña en apostasía ciudadana, cometiendo perjurio cuando utiliza bobadas y leguleyismos jurídicos para evadir su responsabilidad, negándose a obedecer la categórica e inobjetable sentencia del Tribunal Supremo de Justicia legítimo en el exilio, que ellos mismos eligieron. Eso es de una inmoralidad cobarde.

La realidad es que los ciudadanos están hartos de boberías y majaderías, hay quienes, desvergonzados y con atrevido caradurismo, solicitan segundas oportunidades inmerecidas, pretendiendo los siempre fracasados continuar enchufados como dirigentes opositores a pesar del inmenso rechazo del cual –sin duda– son merecedores, se lo han ganado a pulso y ahora insisten en perpetrase, llamando a superar diferencias y construir una estrategia común; cuando en realidad insisten en las mismas maniobras frustradas.

Definitivamente, la comunidad internacional ha perdido la confianza y credibilidad en esa dirigencia de reciclajes, que unas veces dice una cosa y al día siguiente otra, que se presenta como opositores, pero sin estar dispuestos a desafiar al régimen, reclaman ayuda y solidaridad, pero suplican se olviden y suspendan las sanciones porque estorban las negociaciones.

Esa cierta oposición debe ser consciente y reconocer que malbarató la fe y la amistad ciudadana, incapaces de organizar, indispuestos para escuchar, sin imaginación para superar emergencias y crear planes para guiar con eficacia, y, lo más grave, fueron desleales. Y la falta de lealtad es de las principales causas de fracaso y decadencia en cualquier ámbito de la vida. Les importaron muy poco los exiliados y presos políticos, y deshonraron a los cientos de jóvenes fallecidos.

La ciudadanía está saturada de habladeras y discursos que solo sirven para secar gargantas y enredar oídos. El estado de necesidad clama y reclama a gritos que la fidedigna e inequívoca dirigencia opositora transite caminos de conexión ciudadana; contrariando y rechazando cálculos políticos, soberbia y aires de grandeza. La renovación de la unidad efectiva, auténtica, dejando de lado los intereses políticos partidistas, comienza por reconocer que han errado y se han alejado del ciudadano, evidenciando incompetencia manifiesta para articular un país que merece algo mejor y tendrá lo mejor.

¿Por qué la sociedad civil, la Venezuela decente, con principios éticos, no se impone? Esa Venezuela está allí, viva, dando demostraciones de valentía, valor, reciedumbre, sufre y padece a diario la inclemencia del régimen y sus cooperadores. Sin embrago, la consabida complicidad de ciertos “opositores” asalta las iniciativas para luego desactivarlas o boicotearlas con silencio traicionero.

En consecuencia, se impone la renuncia irrevocable de la ineptocracia –sistema de gobierno, oficialista u opositor en el que los menos aptos para liderar son elegidos por los menos capaces (…)–, de quienes siempre han fracasado, empeñándose en reciclamientos que tanto critican del régimen castro-madurista. La dignidad, el decoro y la decencia obligan a dimitir, no tienen alternativa, el desprecio y la desconfianza es descomunal.

Los venezolanos debemos facilitar la creación y estructuración de una correlación de fuerzas democráticas de indiscutible certeza opositora, creíble, coherente, genuina, que se solidarice con la verdad, sin complacencia y, lo más importante, que ni se venda ni se rinda, que únicamente responda con sinceridad al interés y mandato ciudadano atiborrado de principios éticos y valores morales, una oposición seria, responsable, comprometida que vocifere a los cuatro vientos: ¡No nos rendimos, unidos venceremos! Que reitere su amor patrio, y proponga soluciones para que renazca la esperanza en esta tierra de gracia.

El Nacional

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