¿Qué es el imperialismo? | por Pedro Conde

(A Todo Momento)— Del imperialismo se habla siempre en Venezuela. Acabo de oír las vociferaciones de Dieudonné Cabello refiriéndose, con todo tipo de expresiones, a: lacayos del imperialismo, rastreros del imperialismo, sirvientes, lame botas, traidores a la patria, etc. Utilizan el vocablo para crear un nacionalismo de pacotilla, para mostrarlo como amenaza a nuestra soberanía nacional, que los militares han jurado defender, pero que ante los desmanes de un régimen devenido en tiranía se presentan indiferentes, pretendiendo defender algo así como un patio de cacería donde existe hegemonía sin par de los que poseen las armas en detrimento de la población en general; por eso, el apoyo de la comunidad internacional, que podría ser determinante, a la lucha democrática no equipara todavía los bandos enfrentados en las hostilidades políticas internas.

Cuando comienzo a escribir esta contribución, ya Maduro ha terminado su perorata ante la presunta asamblea nacional constituyente, la cual lo recibió para escuchar directrices legislativas, exigiendo, como jefe único, aprobación legislativa de textos con presuntas verdades irrebatibles, para en parte combatir el imperialismo, palabra que mencionó obsesivamente varias veces.

Como es de uso diario dicho vocablo justificando posturas políticas, conviene preguntarse qué es el imperialismo, como también me han preguntado algunos ex alumnos. Haré algunas observaciones, pero es preciso ponerse de acuerdo acerca de ciertos conceptos que serán utilizados. Por un lado, el de imperio, el cual puede considerarse como un reino de reinos, que es la más grande unidad y área bajo control político central que puede encontrarse en la historia. Este poder político central no necesariamente responde igualmente a todos los territorios bajo su jurisdicción. Más bien responde al menos a una necesidad y un área centrales. El imperio está bajo control político central con respecto a los asuntos políticos, económicos, sociales y culturales, esto es, imperio implica dominio sustancial donde el poder tiene un amplio espectro y un peso significante. A menudo, incluye áreas que no caen directamente dentro del imperio, llamándolas esferas de influencia; en nuestros días se llaman aliados.

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Por el otro, el referido a imperialismo que es procurar expansión del dominio, lo cual responde a una vieja práctica en la historia que fue muy intensificada y expandida en dos olas expansivas, la primera de las cuales ocurrió en Europa después de 1500 con el desarrollo de la navegación oceánica; y, la segunda, después de 1875, añadiendo una nueva dimensión (el imperialismo moderno). Estas teorías del imperialismo moderno tenían como objetivo principal describir la existencia, insurgencia, intensificación y prospectos del imperialismo después de 1875.

Para comenzar, me referiré a cuatro familias de teorías muy populares, pueden encontrarse referencias en los editoriales de muchos diarios en distintos países y épocas; son apologías de lo que ha sucedido o se ha hecho. La primera de las cuatro, que llamaré biológico-instintiva, postula fuertes tendencias en la naturaleza animal del hombre que lo lleva a construir imperios, lo cual se hace ya sea produciendo una caricatura del modelo darwiniano de la selección natural o afirmando que la conducta de muchos animales, que defienden su territorio, explica por qué grandes imperios tienen que ser construidos por el ser humano. Las razas, sus teorías, también caen en este campo; es decir, que por naturaleza, en sí, ciertas razas tienden a tener imperios. Pero lo que no se razona es por qué después de 1875 esta explicación natural tomó tanto auge.

La segunda familia de teorías puede llamarse demográficas (Maltusianas). Mientras que las teorías biológico-instintivas sugieren que la gente se inclina desde sus entrañas a construir imperios, las demográficas dicen que incluso si los individuos no tienen el menor interés en la formación de imperios, la presión misma del número, de la cantidad de gente, la incomodidad de lo excesivamente poblado y la amenaza de hambrunas, los fuerza eventualmente a edificar imperios. O son empujados fuera de la superpoblada tierra o son privados de la oferta de alimentos básicos por el elevado número de sus igualmente hambrientos contemporáneos de otros países. Esta teoría ha sido muy vulgarizada en Europa y Estados Unidos por un largo tiempo. Probablemente donde mejor se expresa es en Mein Kampf (Mi lucha) de Hitler.

La tercera familia de teorías populares del imperialismo es la geográfica-estratégica, según la cual hay algo en la lógica inherente de los espacios que hace siempre necesario obtener una porción más de territorio bajo control. El “corazón de la tierra”, de Europa y Asia juntas, situado alrededor de los Urales, podría proporcionar a sus gobernantes el control de la “isla mundial”,  la cual a su vez daría supremacía en el mundo.

Finalmente, existe el conjunto de nociones psicológico-culturales argumentando que la cultura es un patrón, una Gestalt (una forma) que es muy interdependiente. Está inmersa en la población. Tiene una base territorial y es un valor en sí. Emana de una especie de deseo místico de autopreservación, por tanto, la historia del mundo es vista como una lucha entre “megaalmas”. Esta teoría se expresa mucho en los escritos del historiador alemán Karl Lamprecht, pero fue desarrollada en detalle por Oswald Spengler (Die Untergang des Abendlandes – La decadencia de Occidente).

Pero esta noción, según la cual los imperios existen para darle expresión a una civilización o al espíritu de un pueblo, no se atribuye únicamente a Lamprecht y Spengler, puede encontrarse también en Dostoievsky con la defensa que hace del imperio ruso y de los ideales paneslavistas; además, se encuentra en la idea francesa de la mission civilisatrice y en la expresión alemana, antes de la Primera Guerra Mundial, Am deutschen Wesen wird die Welt genesen (la esencia alemana salvará al mundo).

Cada uno de estos conceptos afirman esencialmente una amplia entidad psicológica que, correspondiente a algo profundo en la personalidad individual de sus miembros, requiere un dominio territorial para existir y tiene que demostrar su vitalidad mediante el esfuerzo para expandir su dominio, de lo cual hay bastantes ejemplos en la Historia mundial. El más reciente, quizá, la expansión cubana en Venezuela y otros países, sometidos a los lineamientos y explotación de la satrapía caribeña, facilitada por Chávez, desdeñada en la MUD, y otros grupos políticos, por conveniencia e ignorancia.

Mientras estas teorías del imperialismo han tenido muchos adeptos, conviene analizar otras muy serias desarrolladas a finales del siglo XIX y durante el XX que reseñan paso a paso el surgimiento del imperialismo. Hay seis teorías: la conservadora, liberal, marxista, la sociológico-psicológico, propuesta por J.A. Schumpeter, la dependencia I de John Galtung y la dependencia II de Samir Amin.

En fin, el Alba, organizada y financiada por Venezuela con inspiración cubana, es también, de acuerdo con estas teorías, expansión del dominio, poder, y por tanto conducta imperialista, como se ha observado cuando hay países alineados a propósitos venezolanos antidemocráticos en votaciones de organismos internacionales. Se denuncia el imperialismo estadounidense, pero se imitan comportamientos imperialistas, incoherencia, como en todos los demás aspectos de las políticas nacionales e internacionales.

Vía El Nacional

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