¿Estamos ante opciones o simulaciones? | por Nelson Chitty La Roche

(A Todo Momento)—“Los delitos de la tiranía aceleran el progreso de la libertad y los progresos de la libertad multiplican los delitos de la tiranía” -Robespierre-

El camino a la libertad transita senderos complejos y difíciles, entre marchas y contramarchas, subidas y bajadas, frente a espejismos y encrucijadas, pero lo que no puede obviar so pena de perderse es el sentido cardinal de su empresa libertaria.

¿Estamos ante opciones o simulaciones? ¿Realmente el régimen tiránico del castro-comunismo-chavismo, de súbito, decidió regresar a la soberanía popular que conculcó formalmente hace unos días cuando instaló la ANC fraudulenta? ¿Qué debemos hacer los ciudadanos? Nunca como ahora responder a esas interrogantes es menester para no errar y extraviarnos en el desierto de la soledad, de la desconfianza o peor aún, de la desesperanza que paraliza y deprime. Éramos una nación oprimida hace unos días, unida sin embargo por el deseo de asumir un destino compartido que nosotros mismos decidiéramos. Una nación en guerra sí, pero unida en su propósito y capaz inclusive de advertir que la parte más pobre y vulnerable, la más manipulable, era rehén por su hambre y su ignorancia del tirano, nacido de nosotros mismos y esquizofrénico, manipulado, oyendo voces extrañas, convertido en verdugo de sí mismo.

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Desfigurados, golpeados, fatigados, pero unidos en la inquebrantable convicción de que queremos ser libres y reconquistar nuestra autodeterminación. Nación en guerra civil sí, pero como recuerda Agamben, en un maravilloso ensayo sobre la guerra civil en la antigüedad griega, nación que sabe que tendrá que reconciliarse algún día y que a lo sumo somos adversarios, pero jamás seremos enemigos. Por esa razón, nos obligamos a persistir en la derrota, en la tristeza, en la depresión que adornan inexorables parajes de nuestro camino y especialmente cuidando la unidad, que es la fuerza y la garantía que nos llevará, tarde o temprano, a los predios de la libertad anhelada y por conquistar.

El instrumento para conservarnos unidos es la comprensión. Oírnos, discutir, deliberar, pero con consciencia clara de que no es una posibilidad la de marginarnos, apartarnos o segregarnos. Respetar a los que piensan en un comportamiento tácticamente diferente y convencernos o ser convencidos de que eso o lo otro es lo que debemos hacer. Si nos dividimos perdemos nuestra fuerza y nuestras posibilidades de concreción.

¿Participar en las regionales sin razonables garantías de transparencia y acatamiento del resultado, vale la pena? Henry, ¿te parece que vale la pena? ¿Mientras la feroz práctica del derecho penal del enemigo se generaliza y ahora van por la piel y el alma de Muchacho y de Smolansky, podemos asistir al escenario que los legitimaría? Sé bien que te vienen al espíritu, al menos, sinceras angustias y como a ti, a los millones de venezolanos que los hemos acompañado y puesto en la balanza sudor, dolor y algunos, sangre también, y por ello reclamo sindéresis, sobriedad e insisto, ¡unidad para actuar y seguir subiendo este corozo carajo!

Del otro lado, también opera el deber de comprender. Ciertamente, como nos enseñó alguna vez Hannah Arendt, hay situaciones que no podemos abordar, considerar, pensar sin arrechera, sin rabia, sin ira, pero, a la postre racionalmente. ¿Qué otra conducta distinta a la electoral podemos tener? Sé bien que aparece y es natural que así sea, el dibujo libre, la resistencia, los guarimberos, los otros compatriotas, la familia, los amigos y vecinos que creen en la tranca y en las marchas e incluso en la violencia para encarar la violencia oficial. Recuerdo a Sorel y el sueño de la huelga general que detenga el tiempo y los espacios y quizá inclusive los latidos del régimen, pero lo que sea que hagamos que preserve la unidad porque las gobernaciones y los consejos legislativos, las alcaldías, la presidencia misma no significan nada, ante el valor estratégico de la unidad de los venezolanos en esta hora aciaga de la República.

El pensamiento de los dirigentes y de los partidos a filosofar y resolver esta aporía; a encontrar esa salida sabiéndose en un laberinto, los espontáneos a cesar la maledicencia y el insulto que nos solivianta a nosotros mismos. Para que hagamos historia, y se trata de superar este desastre que nos destina al peligro del odio y la permanente amargura, es menester asumir que son correas de transmisión, llevan a la gente y traen de la gente un producto final a reconocer, la decisión que es soberanía en la unidad, que es la fuerza de la indivisible nación. Para hacer historia debemos viabilizar el porvenir. ¡Hagámoslo!

El Nacional Web

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