¡El chavismo murió! por Leandro Rodríguez

Las grandes transformaciones que requiere Venezuela serán mucho más fáciles de comenzar aplicar cuando se acepte que el chavismo murió definitivamente, así como en su momento la nación tuvo que aceptar que el boom petrolero de Carlos Andrés Pérez también pereció, a finales de la década de los 70’. Coincidentemente, en ambas oportunidades la bonanza petrolera se esfumó dejando un país en peores condiciones a como estaba antes de comenzar.

El proyecto del Socialismo del Siglo XXI o Revolución Bolivariana (hacemos un paréntesis para señalar es una osadía la denominación “Bolivariana” en cuanto la praxis política y económica de éste proyecto está 100% contravenida al ideario del libertador) solo fue/es factible a través de dos factores principalísimos: el primero, contar con enormes cantidades de recursos, como los ofrecido por el magnánimo boom petrolero recién desaparecido, capaz de financiar niveles inéditos de improvisación, corrupción, despilfarro y populismo.

En segundo lugar, a través de una institucionalidad desinstitucionalizada, es decir, apegada no a la constitución, sino a intereses partidistas, de sus élites política y económica (tristemente célebre bajo denominación de boliburguesía).

¡El chavismo murió! murió porque agravó nuestras tradicionales penurias e hizo surgir otras nuevas que hacen de la Venezuela 2017 un país invivible, una vergüenza regional, de retroceso. Dilapidamos toda la fortuna fácil que nos sigue otorgando el petróleo y demás minerales como en el abominable “Arco Minero”, generador de acervos foráneos, lo único nacional allí es la destrucción de nuestro ambiente.

La Venezuela rica ya es un mito ¡Su población es pobre! sometida a racionamientos, escasez e indignantes colas, desde hace años Cuba y Haití exhiben mejores crecimientos económicos/sociales que los nuestros. La degeneración estructural de este proyecto hace imposible la recuperación de Venezuela así mañana el barril llegase a 300$, solo seguirá financiando nuestro lento suicidio colectivo a través de improvisaciones, corrupción, despilfarro y populismo.

Murió el chavismo y morirá cualquier proyecto país que no tenga como eje transversal la educación y el trabajo, que no se base en el inconmensurable potencial sustentado en las bondades de nuestra geografía, en las capacidades y talentos de los venezolanos.

Morirá cualquier proyecto país que vuelva intentar racionar, controlar y condicionar la capacidad productiva del venezolano privilegiando economías, empresas y empleados de otros países, en otros países a cambio de apoyo político.

Morirá cualquier otro proyecto país que siga idolatrando gobernantes, que los haga el epicentro social, que los convierta en comandantes supremos y eternos de civiles.

Morirá cualquier otro proyecto país que no comprenda que la nación debe modernizarse, debe descentralizarse, que no respete las autonomías constitucionales de las regiones y municipios, nadie mejor que ellas saben lo que les conviene.

Más importante, morirá cualquier proyecto país que no cuente con venezolanos exigentes, con ciudadanos que solo vean a los gobernantes como lo que son ¡solo empleados públicos! obligados a rendir resultados positivos, palpables

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