Alimentemos nuestro espíritu

(Redacción A Todo Momento) Caminando por las calles de la hambruna y, sintiendo la tristeza como un aire pírrico y contaminado, me encontré a un joven de unos catorce años (o una edad similar a la mía). El muchacho no vestía buena ropa. Aparentemente, no tenía una situación económica como la mía. Se encontraba pidiendo limosna afuera de la panadería donde yo desayunaba. Los harapos le guindaban casi, a la altura de sus esperanzas de almorzar ese día.  Al fin, como que se rindió y terminó por sentarse.

 

La gente pasaba justificando por qué no le daban. Intentando compararse con la situación del joven. Personas que, por lo menos, tenían algo en el estómago. Mi conciencia se sintió intranquila en cada mordisco y terminé por hacer una humilde colecta, que de broma llegaba a 100 bolívares, para el muchacho, quien, se encontraba descansando sobre una mesa de la panadería.

 

Mi situación no será la mejor, pero, por lo menos, puedo desayunar. Quizás mi situación no sea similar, ni se acerque a la de él. Sin embargo, imagino cómo me sentiría, en ese estado de abandono y pobreza con pocas esperanzas reunir para comerme una empanada. Y, me sentiría peor, al no donar algo al pobre muchacho de escasas oportunidades.

 

El espíritu se alimenta y, no hacerlo, nos causa un vacío mucho más incómodo que, el que podamos llegar a sentir en el estómago. Alimentemos el espíritu porque, esa es el hambre más fuerte que podemos sentir. Si tenemos algo, recordemos que siempre habrá alguien en esta crisis que tendrá menos y animémonos. ¡Hagamos algo diferente! Elijamos, de vez en cuando, compartir algo de lo que tenemos, aunque sea justo.

 

No sé si el muchacho comió. Pero en estos tiempos de crisis… Hermanos, ¡vamos! Alimentemos nuestro espíritu.

Por @JVialeRigo

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