“Todos nos tenemos que mojar” | Por Eleazar Narváez

(A Todo Momento) — La frase la leí en un artículo de Álvaro Delgado Truyols, publicado en el diario español El Mundo el 1° de abril de 2018, bajo el título “El espíritu de la tribu”. Una expresión que es utilizada por dicho autor para exhortar a la sociedad civil a hacer valer sus propias ideas, a expresarse y a movilizarse libremente, en conjunto y de modo individual, a fin de lograr un mejor país. Es un llamado a los ciudadanos a pensar y a actuar de manera autónoma, a desmarcarse de las perezas, de los miedos, de las conveniencias, de las comodidades, a dejar a un lado el victimismo y la recurrente búsqueda desesperada de un culpable en los demás por todo lo que les ocurre, a trascender lo que pueda tratar de imponerles el colectivo o el grupo social al que se pertenece o son adscritos.

Al pensar en la situación política particular de nuestro país en la actualidad, esa frase es más que atractiva e interesante. Traducirla en la práctica resulta procedente y fundamental, si tomamos en consideración la urgente necesidad que hoy tenemos de redimensionar y repotenciar el liderazgo indispensable para enfrentar con mayor fuerza y posibilidades de éxito al régimen usurpador. Al asumirla, ello equivaldría a reconocernos como ciudadanos para concedernos a nosotros mismos el permiso para levantar nuestra voz y unirla a la de otros en la lucha por la causa de la democracia y la libertad en Venezuela. Un ejercicio consciente de ciudadanía con los medios al alcance de cada quien, posible de realizar individual y colectivamente, sin tener que esperar la licencia o la bendición de los demás.

Esas voces ciudadanas, al emerger en los diferentes espacios o lugares de nuestra sociedad, representarían distintos discursos de lucha contra el poder, como diría Foucault, los cuales habría que multiplicar con carácter de urgencia. Hacerlo sobre todo en esos ámbitos donde la gente, por diversos motivos, aún soporta estoicamente y en silencio unas condiciones de vida y de trabajo que registran una clara e inaceptable violación de sus derechos como seres humanos.

Sin duda, en estos momentos la lucha en nuestro país ha de ser también contra ese silencio perverso que por diferentes vías y mecanismos ha propiciado e instaurado de modo inescrupuloso el régimen de Maduro en todo el territorio nacional. A menos que optemos por una decisión que sería bastante lamentable y peligrosa: la de continuar viviendo resignadamente cada día con la sensación de encontrarnos en un camino sin rumbo definido, sin protestar ni rechazar de modo contundente la tragedia que ahora nos sucede, esperando solo que vengan en nuestra ayuda unas fuerzas extranjeras, que se rebelen los militares en el país, que se produzca una explosión social a futuro, o que surja inesperadamente una oferta electoral del régimen usurpador que nos ilusione con una pronta salida, sin importar si la misma esté concebida al margen de las leyes y la Constitución.

Hoy más que nunca, a contrapelo del juego inmovilizador del régimen y de todo aquello que nos arrastra a la sola espera pasiva, es imprescindible abocarnos a la tarea de avivar, ventilar públicamente y articular los pronunciamientos de esas múltiples voces ciudadanas en un gran movimiento nacional conformado con otros actores. Ello constituye un gran desafío que estamos llamados a afrontar de manera prioritaria. Venezuela así lo exige y lo merece.

@eleazarnarvaez

El Nacional

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