50 % a los CLAPs por Alejandro J. Sucre

(Redacción a Todo Momento) Con la nueva obligación que busca imponer el gobierno a las empresas de vender 50% de la producción a los CLAPs,  el mensaje que se le da a los empresarios, inversionistas y a los obreros que aspiran quedarse con las empresas expropiadas es el siguiente: su trabajo, vida y el dinero ahorrado en cajas de ahorro para su vejez y el progreso de sus familiares, lo invertido en materia prima y/o nuevas fábricas en Venezuela pertenece a los funcionarios públicos.

El dinero invertido en Venezuela, el gobierno: podrá expropiarle su fábrica por considerarla estratégica, impedirle fijar precios de acuerdo al costo de la materia prima y de la mano de obra, no podrá exportar sus productos ni beneficiarse de las divisas que cobre, tendrá que competir con productos importados a tasas de cambio subsidiada, y el Estado no será responsable por la seguridad personal, ni de los bienes ni de controlar el gasto fiscal, ni de disminuir la corrupción.

En caso de no obedecer a las políticas anteriores, el gobierno podrá acusar al empresario como causante de la escasez y como promotor de una guerra económica. Paralelamente, el gobierno no atacará los hechos de corrupción de sus funcionarios y ahora anuncian que no habrá nuevas elecciones como lo establece la Constitución, hasta que cese la crisis de escasez de bienes que estos mismos funcionarios ocasionaron.

Apetitosos mercados
El cambio se siente en casi todo el planeta. Los antiguos países parias como Irán ahora son apetitosos mercados para los inversionistas internacionales. En Irán, luego de 35 años de cierre de fronteras y de asfixia institucional, ahora los desarrollos inmobiliarios, los hoteles de lujo y las nuevas fabricas de productos de consumo masivo se expanden por todo el territorio nacional luego del cese de sanciones por el desarrollo de armas nucleares. En estos mercados, que han estado limitados por políticas restrictivas de la oferta, luego de cambios políticos se convierten en polos de inversión para superar los vacíos que dejaron las malas políticas.

En Cuba, apenas se olfatean apertura en la política económica, Europa y EEUU corren para restablecer relaciones diplomáticas y buscar abrir la puerta a sus empresarios, canales de inversión para posicionarse con inversiones en las industrias destartaladas que han ocasionado en 52 años de apropiación de todas las empresas de la isla por parte de un grupo minúsculo de personas allegadas al poder.

No benefician
En Venezuela, las políticas económicas actuales donde los ciudadanos trabajan para los funcionarios públicos y no al revés, van a cambiar más pronto que tarde como ha ocurrido en muchos países que se cerraron a la economía de mercado. Las políticas económicas actuales no benefician a nadie: ni al pueblo ni a los delincuentes que cada vez tienen menos que robar, ni a los corruptos que erosionan el gasto fiscal por la misma devaluación, ni a los profesionales que trabajan en las instituciones del TSJ, del Ministerio Público, del Consejo Nacional Electoral, de la Contraloría de la Nación, de la Defensoría del Pueblo; ni siquiera se benefician los comunistas ni los obreros que esperan que las empresas expropiadas pasen a sus manos, ya que luego tendrán que operar esas empresas a pérdida.

Tampoco las políticas económicas actuales benefician a los países de Petrocaribe, ya que hace más dependiente al gobierno de los decrecientes ingresos petroleros. En realidad nadie se beneficia del sistema de políticas económicas actuales, ni siquiera los que hacen ganancias con el dólar preferencial, ya que sus cuentas en el exterior están en continuo monitoreo.

El propio Presidente de la República pierde votos cada día por el descontento que causan sus políticas económicas. Existen unos cuantos burócratas que impulsan hasta el extremo un modelo económico que no funciona y que en algún momento no podrán frenar los cambios que se requieren para generar una economía de ciudadanos libres. Donde los inversionistas puedan desarrollar sus empresas sin trabas y los trabajadores moverse de un trabajo a otro buscando mejores empleos en una economía que crece.

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