En soledad y Reyes Magos | por Armando Martini

(A Todo Momento) — Así estuvo el país estas Navidades, fiesta que en Venezuela ha dejado de ser temporada de reconciliación, nuevos propósitos, reencuentros y estrenos –además de engordar a gusto con los platos acostumbrados en familia–, para convertirse en momentos de frustración, mirar con temor los días por venir, sentir timidez, duda, al desear el tradicional “feliz y próspero año nuevo”.

En estos días de advenimiento solo sonrieron –unos por inconsciencia, otros por disimular, muchos por gritar en el desierto– burócratas civiles y militares, especialmente los jefes maduristas inflados con dineros ganados por “esfuerzo y decisión” personal que no pasan desapercibidos, por el contrario, son expuestos sin pudor ni rubor.

Fuimos testigos de unas Navidades tensas y aburridas, un Niño Jesús o San Nicolás vestidos con harapos, esperando a unos Reyes Magos que en medio de tanta inseguridad e hiperinflación, a lo mejor hasta dejan su viaje para después. El castro/madurismo –y su amplio entorno disfrutante (perdonen la palabra)– han sido y seguirán siendo en el primer tercio de 2019, días y noches de intensa preparación para esa peligrosa soledad diplomática que ha sido mundialmente anunciada a partir del 10 de enero. Será como una especie de sello que afirme la pérdida de la ingenuidad popular, que en esta Venezuela engañada, burlada, expoliada, reprimida, arruinada, hace tiempo ya comenzó.

Ni siquiera por ser herederos de una tradición muy venezolana de esperar solucionadores de problemas, Hugo Chávez en medio de dolores del cáncer castrista, chavistas y maduristas son reyes de este país. Mucho menos magos, como lo han demostrado persistentes a lo largo de veinte años de cometer errores y estupideces.

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Magos, fascinadores y adivinos, en realidad –excepción hecha de Harry Potter y sus circunstancias– no hacen milagros, solo son malabaristas con mayor o menor habilidad. Asombran audiencias que pagan para ser entretenidos con trucos, ilusiones ópticas y engañifas, que después de la función encantador y asistentes recogen pañuelos y conejos mientras los espectadores van a sus casas a envolverse de nuevo en sus propias realidades.

El ilusionismo, vulgarmente denominado magia, es arte escénico, subjetivo, narrativo y espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce.

Pero en la dirección y manejo de un país no hay portentos ni milagros y, a diferencia de la magia –arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de actos y/o palabras, con la intervención de seres imaginables, y resultados contrarios a las leyes naturales: un mago, persona experta en el misterioso y oculto arte de la magia, tiene la habilidad de lograr objetivos predeterminados utilizando fuerzas sobrenaturales o medios no racionales–, los trucos se le ven a los malos gobernantes. Al principio, como en el teatro, los auditorios se dejan deslumbrar por liebres que aparecen y pañoletas que se multiplican, pero en el fondo todos saben que se trata de trucos e ilusiones, y los más avisados se concentran en descubrir cómo se realizó la ilusión.

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En política los que ejercen de magos ocultan procedimientos para conseguir algo, tramposos astutos o ingeniosos para lograr un beneficio, pero al gobernar las muchedumbres se dan cuenta de habilidades, como en el caso de prestidigitadores –persona que tiene por ocupación la realización de trucos de magia ante el público–, los nuestros que son tan torpes que se les va descubriendo, creen ser hábiles pero en realidad no lo son.

Lo saben los gobiernos del mundo, incluso los que se preocupan por cobrar acreencias, como China y Rusia, o conservar lo que se pueda de la teta que les ha estado regalando dinero fácil, como Cuba, Nicaragua, Bolivia, algunos países del Caribe –parece que ahora menos, y esa sería otra angustia–, algunos partidos políticos españoles. Lo conocen algunos dirigentes venezolanos mejor enterados, lo intuyen y desean millones de ciudadanos hartos del miedo, la mentira y miseria. Y lo sabe el gobierno, no es necesario tener buena diplomacia para saberlo después de que los gobiernos claves han hablado claro, contundente, reiteradamente y además vivimos en un mundo de información al instante y universal.

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Al corriente con más tiempo a cuestas, los castristas venezolanos sancionados y quienes están bajo investigación, los que han mandado al carrizo lealtades y agradecimientos para convertirse en delatores protegidos para salvar algo de lo mucho robado, confiando en que ellos e hijos llevarán antifaces de ladrones pero los nietos tendrán otras nacionalidades y serán aceptados sin muchos problemas en diversas sociedades.

Han sido estas Navidades de reflexión para algunos, tristeza y aburrimiento para muchos, y los menos, encadenados entre sí–no siempre con cadenas fuertes–, de prepararse para defender como se pueda la fortaleza amenazada, debilitada, cajas fuertes, baúles como piratas y bucaneros siglos atrás en pueblos y playas del Caribe, con mapas famosos. El riego es que con el nuevo mundo de comunicaciones electrónicas y más duras leyes bancarias, el misterio de la X es más fácil detectar.

@ArmandoMartini

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