Guaidó: ¡No contaban con mi astucia! | Por Armando Martini

Foto: A Todo Momento @ATodoMomento_

(A Todo Momento) — Guaidó: ¡No contaban con mi astucia! | Por Armando Martini @ArmandoMartini

El presidente encargado sorprende a políticos, analistas, ciudadanos con sus actos y peculiar estilo de poca oratoria tradicional y en cambio popular sinceridad visual y auditiva, cumpliendo una estrategia personal que va dejando desconcertados cadáveres políticos que, confundidos y desesperados, intentan resucitar. El de Guaidó es un camino innovador, con sabor de juventud universitaria, lo cual significa aroma de espontaneidad venezolana, prudencia con cara de sencillez e, inevitablemente, con picardía. Juan Guaidó parece ser el Tío Conejo, pequeño y aparentemente débil pero inteligente y astuto ante los desgastados tigres de los cuales se burla y a quienes deja en ridículo.

Cuando fue nombrado para presidir la Asamblea Nacional hubo sentimientos encontrados, ¿de dónde salió que ni siquiera tiene elocuencia pomposa? Algunos sabihondos explicaron el viscoso pacto de alternabilidad entre los cuatro principales partidos de oposición que sin consultar a sus electores decidieron turnarse los puestos al frente del Poder Legislativo -en el constituyente castrista el asunto es fácil, al frente está quien tenga más peso en la cúpula, sea hermana de psiquiatra o teniente retirado del ejército-. En Cuba aún es más sencillo y sin errores de interpretación, es quien diga Raúl Castro a falta de Fidel; en Rusia lo que decida Putin o en Irán quien resuelvan los ayatolas, en las tiranías no hay que pensar ni tomar decisiones, se obedece y listo, a más obediencia más crecimiento y fortalecimiento de cuentas bancarias.

Le tocaba esta vez al partido Voluntad Popular, explican conocedores, pero con Leopoldo López inhabilitado y domiciliarmente preso, el político sustituto para el cargo, Freddy Guevara, estaba -y sigue- refugiado en la embajada chilena.

Así, por rebote el cargo recayó en el joven guaireño, descendiente de militares, simpático y sencillo. Pero también, como se ha podido comprobar, con talento político, custodiado por dos dialogadores profesionales, quizás para controlar ideas propias. No es de discursos adjetivados y rimbombantes, sino el político con astucia y sutileza para no permitir que sus verdaderos pasos sean previamente telegrafiados.

Muchos pensaron, e incluso declararon y previnieron que el joven poco impactante no tomaría en sus manos la papa caliente de una presidencia transitoria en plena dictadura, vieron en él un simple instrumento de los veteranos políticos opositores que llevan años fracasando frente al régimen, primero ante el carisma y pillería de Hugo Chávez, después ante la terquedad castro dirigida de Maduro.

Pero resulta que Juan Guaidó oye sabidurías y expectativas, escucha a la ciudadanía con la cual se entiende porque con ella compartió luchas, gases, represión y brutalidad dictatorial en las calles. Entre las orejas tiene un cerebro capaz de analizar con eficiencia y planificar eficazmente acciones que pensadores y controladores no imaginan, y paciencias que los apurados no comprenden. Lo que quizás todavía no logre resolver del todo, aunque sabe que están ahí, rodeándolo, son ingratitudes, egolatrías y vicios de frustrados endurecidos y aferrados a sus propias ambiciones, egoísmos y ruinas a ser ocultados.

Hasta talentosos y profundos analistas como el sesudo jesuíta Luis Ugalde expresaron prevenciones como: “Si Guaidó se juramentara, sería un usurpador”, y otros, palabras más palabras menos, la Asamblea Nacional no tiene el poder físico…; la asunción de la presidencia no puede hacerse, debemos ser ‘honestos’ (lo dicen sin conocer el significado real de la palabra) con los electores y la población… no podemos continuar alimentando falsas expectativas… no hay posibilidad cierta de asumir tales competencias…; los actos de Guaidó deben nacer y validarse ante la AN, único poder legítimo y reconocido… resultaría un riesgo que las decisiones de Estado se adopten en escenarios ajenos al parlamento…”.

Mientras se concentraban en sus estulticias y narices, fueron pasados por encima por quien carece de pasados oscuros que lo condicionen, pudiendo negarse a cancelar deudas contraídas con la mafia y que no acepta como suyas. Ni siquiera la veteranía castrista, generalato, jefes al frente de la tiranía, ni los enredados dirigentes partidistas opositores, previeron que Juan Guaidó aplicaría la Constitución para dejar al dictador, cómplices y secuaces desconcertados.

Asumió el compromiso no en una sala partidista sino en la calle, rodeado por miles de ciudadanos entusiasmados. Fue un juramento de la ciudadanía, no una decisión que nadie le impusiera. Es lo que hace un líder de verdad, auténtico, sin nada que esconder ni promesas recargadas. No fue él, fuimos nosotros, la nación, diferencia entre un pasado decadente, arreglos y conciliábulos secretos, y la apertura de un nuevo porvenir, rápidamente asoleado como presente en acción.

Buena parte de la dirigencia partidista tradicional -a pesar de su egoísmo ético/moral- se encontró, en un segundo, silenciada por el entusiasmo de ciudadanos de todos los niveles socio-económicos. Con Guaidó juró y tomó liderazgo el oeste de Caracas, el 23 de Enero, Caricuao, Catia, el norte, oeste y ese abigarrado extremo de los barrios de Petare y alrededores, otrora nidos del chavismo.

El Gobierno quedó sin capacidad de respuesta coherente más allá de bravuconadas vacías de tanto ser repetidas y gritadas. Cuando la dictadura reaccionó lo hizo peor, con un video que el país considera inventado generando burlas inmediatas en el pueblo y redes sociales. No sólo con representaciones escépticas y sarcásticas, sino mostrando las costuras de un montaje a la carrera-presentado por dos dirigentes de importancia y a quienes nadie les cree nada hace tiempo.

Y si la avalancha de reconocimientos de la nueva responsabilidad de Guaidó por parte de gobiernos extranjeros puedan significar que estaba preparada, la pregunta es ¿quién preparó y ayudó a tal programa? Ahora embusteros y mezquinos usurpan su autoría, pero se conocerá la verdad, tarea que el presidente interino deberá acometer para que nadie gane con escapulario ajeno, es la hora de la sinceridad y quienes merecen auténticos reconocimientos.

Es el surgimiento, como en previas fechas claves de la historia venezolana, de la juventud instruida que por ser así se gana la confianza popular. La que propuso y lideró los mayores cambios en esa historia.

@ArmandoMartini

Escribe tu opinión