La toma del este de Caracas en 140 caracteres

Por Roberto Malaver

Aquel primero de septiembre de 2016, Williams Harold  Brillemburg del Ocaso, amaneció en su estudio en el pent hause del edifico Caviar II, en la Urbanización Tutifruthy en el este adentro, y al frente de su computadora. “Hoy te caes de madurito, Maduro”- se dijo mientras comenzaba a enviar mensajes por su twitter @pajarraco-azul: “Hoy es el día final de la madurez mediocre”. “Adelante, a tumbar el gobierno que se cae de Maduro”.

En ese tono comenzaron a salir desde su twitter los mensajes destinados a crear la pasión suficiente como para que, como dijera su admirado Capriles Radonski, un día del cual no se le ha ido el recuerdo, descargaran su arrechera.

Aquel día era la Toma de Caracas que, desde el primero de agosto, un mes, tenía la oposición  venezolana convocando por prensa, radio y televisión. Williams Harold se levantó de su escritorio y fue a la nevera.

“Es temprano, pero voy a celebrar la caída de Maduro con una cerveza holandesa, que es la mejor”.- se dijo. Y sacó y destapó su lata. Volvió a su escritorio y vio que en su celular había varios mensajes: “Ya estamos aquí dispuestos”. “Venimos desde afuera para quedarnos adentro”.

“No nos vamos sin ver caer al dictador”. Mientras leía los mensajes disfrutaba de su cerveza holandesa. Se levantó y fue a la ventana y tomó sus binoculares, desde allí pudo observar cómo en la avenida Rio de Janeiro la gente se había agrupado.

Intentó ver más allá, hacia la Torre Cristal, pero sus binoculares no le mostraban esa realidad. Sin embargo, en ese momento, desde allá, lo llamaron por teléfono: “El presidente Maduro nos envió un saludo a todos los que estamos aquí en la Torre Cristal, y dijo que éramos quince mil, y esa vaina es mentira, somos cuatrocientos mil”. – le dijo Joan Salvatierra de la Sota. Williams Harold lo saludó pero empezó a preocuparse. Tomó el control y puso el canal ocho, y, a punto de vomitar, vio cómo una multitud llenaba la Avenida Bolívar mientras el Presidente Maduro hablaba.

Fue a su computadora y volvió a su twitter @pajarraco-azul. Y escribió: “Vamos todos, a darle duro, que solo así se cae el dictador”.  Y cuando estaba a punto de escribir otro mensaje vio en el twitter que en las tendencias de Caracas, Maldita Mud estaba en el primer lugar. Hizo clip allí y vio cómo maldecían a la Mesa de la Unidad porque no había tomado Caracas y solo estaban en el este de la ciudad.

Después vio que también, por twitter, maldecían a Jesús – Chúo- Torrealba- y le decían de todo y mucho más, porque había leído un manifiesto donde mandaba a tocar cacerolas a las ocho de la noche. Y aquella vaina no tenía ningún sentido. Fue entonces cuando  Williams Harold Brillemburg del Ocaso, se puso de pie y dijo: “Tenemos tanto odio en la oposición, que nos sobra para odiarnos a nosotros mismos”

Por un momento se detuvo. Volvió a su escritorio y vio la cantidad de mensajes que le enviaban a la Maldita Mud, y a Torrealba, y comprendió que, mientras la paz estaba ganando en el chavismo, el odio estaba triunfando en la oposición. Volvió a la nevera y sacó otra lata de la cerveza holandesa que había traído de su último viaje a Holanda y se dijo: “Con esta gente no se tumba nada”.

Con la cerveza en la mano volvió a su escritorio y vio que todavía tenía la televisión encendida en el canal ocho, y cuando cambió de canal comprendió que había una cadena: “Otra cadena y nosotros paseando por el este esperando las ocho de la noche para tocar cacerolas”.

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