La Cloaca | Por Antonio Sánchez García

(A Todo Momento) — La Cloaca | Antonio Sánchez García @sangarccs

Medido a escala, tanto o más poderoso que George Soros, Raúl Gorrín tendrá mucho que revelar cuando vuelva a asomarse por los corrillos de la política nacional. Sea en libertad, si tuviera la osadía, o uniformado de naranja si se encontrara a la sombra. De lo que estamos seguros es de que esa nómina parlamentaria y mediática manejada por el tuerto Andrade y su socio será del conocimiento público, y cuando lo sea, para serlo, ya brillará el sol de la Libertad sobre nuestra sufrida Venezuela. Espero ansioso ese amanecer.

La oposición democrática venezolana, de todo signo y condición, ha recibido anonadada las revelaciones de la fiscalía del Sur de La Florida referente al caso Andrade-Gorrín. Digno de un programa de History Channel y Geographic Magazine. O de una serie de Warner o Fox sobre los altos mandos del ejército y la policía venezolanas en el entramado de corrupción, narcotráfico y saqueo posiblemente más escandaloso del mundo civilizado en toda su historia. Digno del sórdido período de Ley Seca y mafias organizadas en el Chicago de los veinte y treinta.

Que sumado a la brutal y unánime expresión de repudio a la presencia de Nicolás Maduro en Ciudad de México el sábado 1 de diciembre, cuando los asistentes al acto de asunción de mando de AMLO – desde diputados y senadores hasta los primeros mandatarios invitados especiales – le gritaran a voz en cuello “¡Dictador! ¡Dictador! ¡Asesino! ¡Asesino!”, configuran el cuadro de horror al que el castro comunismo cubano por la interpósita mano de Hugo Chávez, el mismo Maduro y la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas han hundido a Venezuela.

No sin el concurso de la llamada “oposición oficialista”. Jamás se vivió en ningún congreso de las Américas un acto de repudio tan unánime y poderoso contra un tirano en ejercicio. Ni siquiera frente a los dictadores del Cono Sur en los años setenta. Maduro puede exhibir el récord de ser el dictador más repudiado públicamente de la historia latinoamericana.

Ni el más acucioso y pertinaz trabajo de un grupo de la oposición democrática encargado de relaciones internacionales hubiera conseguido en años de trabajo constante lo que se dio en esos minutos que conmovieron al mundo este sábado 1 de diciembre: mientras en Buenos Aires los veinte mandatarios más importantes del planeta celebraban el encuentro del llamado G-20 y tenían en el menú de temas a tratar el de la dictadura venezolana y los trágicos efectos de la emigración compulsiva de millones de venezolanos acuciados por la miseria, el hambre y la muerte, en México sus representantes democráticos le daban una estrepitosa y apabullante malvenida al tirano que vino del Caribe.

Los detalles llegan a ser escabrosos: llegó con cien espalderos con la declarada ambición de convocar a un gran acto de respaldo popular, pero debió resguardarse de la ira popular escondiéndose en los hangares del aeropuerto mexicano. Salió a un almuerzo, al que entró y del que salió escabulléndose en silencio, como un forajido. No debe existir en estos momento nadie en el mundo que no sepa que Nicolás Maduro es un dictador y un asesino.

Mientras se configura este favorable panorama internacional, que se verá fortalecido el próximo primero de enero cuando Jair Bolsonaro asuma el poder de la primera potencia regional, a la que no podrá asistir pues ni siquiera será invitado y de serlo terminaría encarcelado, Venezuela amanece horrorizada por las revelaciones de la dimensión del saqueo llevado a cabo bajo el gobierno de Hugo Chávez por su espaldero y protegido, Alejandro “el tuerto” Andrade. Quien, aceptando la oferta de ver rebajada su pena si le entregaba al fiscal los datos de sus cómplices y beneficiarios, comenzó por poner en la picota a su principal socio en el entramado de corrupción, el abogado Raúl Gorrín. El tuerto liberado provisionalmente, anclado a la justicia con una pulsera electrónica, y Gorrín en la clandestinidad.

¿Cuándo llegará al conocimiento público la trama de corrupción, compra de conciencias y amaestramiento periodístico, mediático y político dirigida y financiada con los miles de millones de dólares saqueados al Estado venezolano por Raúl Gorrín, el zar de los medios de la dictadura? No fue un Goebbels, que ni Chávez le llegaba a los talones a Hitler ni Gorrín fue algo más que un mediocre y paupérrimo abogado del oeste caraqueño, súbitamente enriquecido por el hamponato chavista. Tampoco Globovisión ha sido algo más que una chingana de manipulación informativa en medio de la cloaca mediática de la tiranía.

Pero siendo Globovisión una intermediación política y financiera de la tiranía, los logros de Andrade-Gorrín se observaban no sólo con Vladimir a la 1, adonde asistían cabeza abajo todos los políticos dispuestos a doblarse para no quebrarse, sino nóminas importantes de diputados de la llamada Mesa de Unidad Democrática, al extremo que se habla de una Fracción Gorrín en la Asamblea Nacional. ¿Quiénes han formado parte de esa élite parlamentaria manejada a distancia por el mago de las finanzas, Alejandro Andrade y su carnal Gorrín?

Medido a escala, tanto o más poderoso que George Soros, Raúl Gorrín tendrá mucho que revelar cuando vuelva a asomarse por los corrillos de la política nacional. Sea en libertad, si tuviera la osadía, o uniformado de naranja si se encontrara a la sombra. De lo que estamos seguros es de que esa nómina parlamentaria y mediática manejada por el tuerto Andrade y su socio será del conocimiento público, y cuando lo sea, para serlo, ya brillará el sol de la Libertad sobre nuestra sufrida Venezuela. Espero ansioso ese amanecer.

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