Embarazadas venezolanas prefieren dar a luz en Brasil

(A Todo Momento) — Acorraladas por la crisis sanitaria que desde hace años se vive en Venezuela y que hoy se encuentra en su punto más alto, las embarazadas venezolanas cruzan la frontera con Brasil para tener a sus hijos en Roraima.

El estado del norte de Brasil, el menos poblado del país, registraba un promedio de 8.000 partos anuales. En 2017, tras el flujo de los venezolanos, dicha cifra alcanzó los 12.000, lo que supone un aumento del 50%.

Buena parte de la población se muestra resentida por la precarización de los servicios públicos —que se están viendo presionados por la demanda de los inmigrantes— y por el aumento de la violencia. La tensión crece, con episodios incluso de xenofobia. A finales del mes pasado, un grupo de brasileños llegó a expulsar, haciendo uso de la violencia, a muchos venezolanos que vivían en Pacaraima, una ciudad de la frontera.

Este clima se plasma, a su vez, en la campaña electoral: la mayoría de sus habitantes votará en las próximas elecciones de octubre a candidatos que proponen la restricción de los inmigrantes. Cerca de 127.000 han entrado en Roraima entre el inicio de 2017 y junio de este año.

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A sus 42 semanas de gestación, la venezolana Verónica González, de 17 años, caminaba, un sábado de agosto, por el aparcamiento de la maternidad de Boa Vista —la única de todo el estado— por recomendación del médico. “Me han pedido dos horas para decidir si inducirán mi parto, ya que mi embarazo está muy avanzado”, explica la joven al lado de su padre. A pesar de estar ansiosa por el nacimiento de Saymar, su primera hija, la adolescente finalmente respira aliviada. Los últimos días, González inició una carrera contra reloj para conseguir dar a luz en Brasil.

La falta de productos médicos en los hospitales de Venezuela la obligó a viajar más de 26 horas en autobús desde la capital, Caracas, hasta Pacaraima, ciudad de Roraima que hace frontera con el país vecino. Desde allí, tras solicitar refugio en Brasil y tener que dormir una noche en la calle, siguió rumbo a Boa Vista.

“Si hubiera decidido tener a mi hija en Venezuela, tendría que comprar todo lo necesario para el parto: gasas, toallas, medicamentos y hasta la bombilla de la sala del hospital. No es fácil encontrar esos artículos y, cuando los encuentras, son carísimos. Aquí ya sabía que todo sería gratis”, dice la venezolana, que ahora pretende vivir durante los próximos meses con sus padres y sus hermanos en la capital de Roraima.

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