ABC: ¿Por qué no es Rusia una democracia?

(A Todo Momento) — Rusia era una democracia, más o menos imperfecta, mientras al frente del Kremlin estuvo Borís Yeltsin y en gran parte también en la época soviética, durante la “perestroika” de Mijaíl Gorbachov.

Pero Vladímir Putin entró en escena en 1999, cuando fue nombrado primer ministro precisamente por Yeltsin, menos de un año antes de ser elegido presidente para su primer mandato, lo que sucedió en marzo de 2000.

A partir de entonces, la incipiente democracia rusa empezó a declinar hasta llegar a la actual situación de “democracia virtual”, como la denominan los opositores al régimen.

La primera premisa para que cualquier sistema político pueda ser considerado una democracia es la división de poderes. En la Rusia de Putin existe, pero es solo aparente. Tanto el Gobierno como el Parlamento y la Justicia están supeditados directamente al presidente, pese a que sobre el papel cada uno de ellos es independiente. La Constitución rusa vigente hoy día es democrática, pero el poder la incumple retorciendo la interpretación de sus artículos.

Según la Carta Magna rusa, cualquier persona que defienda ideas que no estén fuera de la ley, sea ruso y tenga la edad establecida, puede ser candidato a comicios municipales, regionales, legislativos o presidenciales. Otra cosa son las leyes, aprobadas durante los 18 años que Putin lleva al frente del país, para desarrollar tales mecanismos.

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Los candidatos de fuerzas extraparlamentarias, que son todas menos Rusia Unida (Putin), Partido Comunista (Guennadi Ziugánov), Partido Liberal Democrático (Vladímir Zhirinovski) y Rusia Justa (Serguéi Mirónov), necesitan para poder ser admitidos a unas elecciones, según establece la Ley Federal Electoral, recoger cada uno 300.000 firmas de apoyo.

Y aquí está el filtro que utiliza Putin para eliminar a los adversarios molestos o directamente peligrosos. La Comisión Electoral Central, también bajo el total control del Kremlin, es la encargada de comprobar la validez y autenticidad de las firmas y echa para atrás muchas por “errores”, como la transcripción incorrecta del domicilio o la escasa nitidez de la rúbrica. Las justas para dejar fuera al candidato que haga falta.

Este avieso procedimiento impidió al economista liberal, Grigori Yavlinski, presentar su candidatura a las pasadas elecciones presidenciales, la de 2012, medida que denunció incluso Gorbachov. Se puede recurrir ante los Tribunales la decisión de la Comisión Electoral, pero también allí está la mano del Kremlin.

Otra forma de despejar el panorama político de competidores es iniciando causas penales contra ellos claramente amañadas, como le ha sucedido al que ahora mismo tendría más posibilidades de desbancar a Putin, el bloguero anticorrupción, Alexéi Navalni. Según ha advertido ya la Comisión Electoral, Navalni no podrá presentar su candidatura a los comicios del marzo de 2018. Habrá que ver si la presentadora televisiva, Ksenia Sobchak, que también aspira a luchar por el sillón presidencial, supera la prueba de las firmas.

 

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