Geopolítica: amigos y enemigos se desafían en Venezuela | Por Armando Martini

(A Todo Momento) — Geopolítica: amigos y enemigos se desafían en Venezuela | Por Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Habitualmente, en estos tiempos con más intensidad, se habla de geopolítica, la disertación de los efectos territoriales sobre la política internacional, un método de estudio para entender, explicar y predecir el comportamiento político en el mundo mediante variables geográficas.

Es la ciencia que, a través de la geografía política, descriptiva e histórica, estudia la causalidad espacial de los sucesos políticos y futuros efectos, define estrategias investigando la historia de los pueblos en relación con su territorio, factores económicos y raciales que los caracterizan.

Guía la situación política, analiza fenómenos políticos nacionales e internacionales y orienta el conocimiento integral del país en lo geográfico, económico, social y estratégico y, de acuerdo con la geopolítica, en Venezuela tendrán influencia principalísima el desarrollo de los eventos ciudadanos, el ambiente y la posibilidad cierta para mantener leales a la Fuerza Armada, lo que determinará cuándo y cómo deja Maduro el poder.

¿Puede esta crisis finalizar en un enfrentamiento entre potencias?

Rusia, Italia, Turquía, México, China, Irán, Cuba hacen esfuerzos sobrehumanos e intentarán –aunque poco probable–, mantener al ilegítimo usurpador atrincherado en Miraflores. Mientras Estados Unidos, Canadá, Francia, Inglaterra, Australia, Grupo de Lima, Unión Europea, el mundo libre y democrático aumentan la presión para acelerar su partida. Esa es la situación geopolítica actual.

El reconocimiento de Juan Guaidó como mandatario interino fue rechazado en duros términos por la dupla Rusia/China cuando fue debatido en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Hasta dónde pueden remontar los enfrentamientos?

Ciudad de México, La Habana y Moscú se involucrarán directamente en un intento de salvaguardar y/o prolongar el castrismo venezolano. Brasil y Colombia trabajan en perfecta concordancia para obligar el abandono. Sin embargo, su capacidad para imponer a Caracas es limitada en comparación con los estadounidenses.

Aceptar a Juan Guaidó como legítimo sucesor interino ha elevado el interés para los venezolanos, así como para las naciones suramericanas, divididas entre aquellas que favorecen una salida rápida y quienes, por razones económicas, preferirían que permaneciera. Ambos grupos se esforzarán por moldear a su favor los eventos en Venezuela.

La nación con la motivación más fuerte para mantener a Maduro es Cuba; quiere conservar el statu quo en Caracas y salvaguardar su propia estabilidad. La transición gradual del gobierno comunista personalista en Cuba será difícil, si pierde acceso a los envíos gratuitos de combustible y petróleo. La amenaza de perderlo es grave.

El castrismo y sus aliados cómplices parecieran tener a su disposición importantes activos militares y de inteligencia para mantener al régimen. Durante años, el castrismo cubano –G2– ha asistido en el adoctrinamiento e intercambio de inteligencia sobre objetivos extranjeros y nacionales. Los servicios de seguridad trabajan en conjunto para monitorear a opositores políticos. Aunque La Habana haya determinado que la salida es solo cuestión de tiempo, intentará retrasarla. Sin embargo, Cuba es un actor comparativamente pequeño en Venezuela, con poca fuerza real para cambiar el rumbo si los funcionarios claves que encabezan los sectores militares se deciden contra el gobierno.

El dilema chino/ruso es que se consideran los acuerdos de préstamos ilegítimos, lo que sugiere que un nuevo gobierno reduciría o finalizaría los programas de intercambio. La caída del castrismo venezolano le robaría a Pekín/Moscú un aliado que puede usar para aumentar la presión estratégica sobre Estados Unidos, en su eterno enfrentamiento de guerra fría no superada.

Venezuela encaja en esa estrategia global de aprovechar y utilizar conflictos geopolíticos menores para presionar a la potencia occidental. Los rusos coquetearon con la idea de establecer presencia de bases militares en Venezuela y la permanencia de Maduro sería prioridad; por ello, contratistas se habrían dirigido a Caracas para aumentar la seguridad personal de Maduro, reforzar al gobierno y complicar cualquier intento desleal por parte de castrenses venezolanos. Sin embargo, el gobierno chino, pragmático, no intervendrá directamente, pues perjudicaría sus inmensas y cuantiosas relaciones comerciales con Estados Unidos que están hoy en un momento delicado. China, además, se enfrentaría a su propio enfoque diplomático de no injerencia.

Brasil y Colombia serán protagonistas. El interés de entregar Venezuela a un gobierno de oposición es claro: el madurismo precipitó la crisis alimentaria que ha obligado a millones a buscar alivio en sus tierras. El apoyo de Caracas a actividades ilícitas, como el narcotráfico y minería ilegal, ha fortalecido a grupos criminales en ambos países. Por tanto, a medida que Washington aumenta la presión, Bogotá y Brasilia harán lo propio, aunque con influencia limitada.

La situación evolucionará en gran medida de acuerdo con los eventos en el terreno. Los aliados en el pensamiento democrático y de libertad elevaran la presión económica y la oposición trata de persuadir al mundo castrense y político, con ofrecimientos de amnistía. Juan Guaidó fortalece su reclamo presidencial negociando mecanismos de perdones puntuales, respaldados con garantías foráneas, que harán más probable que los mandos consideren una transición.

Podría ser tarde; la probabilidad de que se realice una salida ordenada es baja. Todo indica que será turbulenta, sin voluntad oficialista para abandonar el poder. Sus aliados nacionales y extranjeros desean retrasarla y proponen negociaciones, hasta el Vaticano se ha ofrecido.

Incluso si la oposición colaboracionista y el gobierno aceptan ofertas formales de mediación para negociar, el engaño previo del oficialismo ha llevado a sus oponentes a fracasos, por lo que estarán cautelosos de no caer en fraudulentas prédicas. Sin embargo, para que las conversaciones tengan éxito y avancen se requeriría que los representantes sean creíbles, confiables, posean un fuerte y contundente respaldo de la ciudadanía, la cual debe estar informada en detalle. Sin ese apoyo, la situación se deslizará hacia una lamentable insurrección que se sabe cuándo empieza, pero nunca cuando termina lo que aumentará la posibilidad de violencia y enfrentamientos entre venezolanos.

El Nacional

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