Fiesta en Elorza por Carlos Blanco

Los venezolanos mayoritariamente quieren ver cómo se despojan de la condena madurista-leninista. Por eso cada vez que hay una rendija, en mayor o menor cantidad, acuden. Y si es por una vía pacífica mejor. Aunque no sean millones los que concurren a la “validación” ilegal impuesta por el Consejo Nacional Electoral a los partidos, los que han aceptado participar han desplegado sus recursos (algunos en abundancia notoria) para lograr superar los mínimos exigidos. Entre los firmantes ha habido entusiasmos y los partidos celebran. Otros se han negado a participar en ese proceso por considerarlo viciado, ilegal y solo prolegómeno para vía crucis posteriores.

 

El caso es que la “validación” es un mecanismo para que un régimen diagnosticado como dictatorial por casi todos determine cuáles partidos admite y cuáles no. Ojalá no ocurra, pero me temo que lo que sigue es una cadena de impugnaciones, (in)validaciones, tejemanejes, inducidos por el propio régimen. No olvidemos el reciente esfuerzo por el RR2016 en el cual los rojos enviaron a militantes a firmar para después impugnar; las triquiñuelas, ese arte en el cual la corte malandra se maneja muy bien que es el de las demoras: si no te arruino con el “diálogo” lo hago con firmas.

Comentaba entre amigos que lo que me parecía más grave de la “validación” era entregar la lista de militantes de cada partido al régimen, a través del CNE. Me argumentaba uno de ellos que ya esa lista la tenían con las firmas del RR2016. Sin embargo, como dijo el diputado Omar González: “Es una forma de mentirle de nuevo al pueblo y de permitirle al régimen obtener la información”, al capturar las afiliaciones directas por partido, pues aunque no todo firmante es militante, presumiblemente la mayoría sí lo es.

Lo de estos días motiva a los militantes de los partidos “validantes” y, por esa vía, obligan a Maduro a admitir la fuerza de esas organizaciones o, si no los “validan”, a exponerse más obscenamente ante la opinión pública. Sin embargo, lo que esto implica es entubar el proceso político no al reemplazo del régimen sino a unas elecciones inexistentes, que los rojos –según propia confesión– han decidido no hacer este año, y a un esfuerzo de candidaturas tempranas que, por su propia naturaleza competitiva, estimula la pugna interpartidista e intrapartidista y hace del cambio de régimen objetivo secundario.

La fiesta de las candidaturas apenas ha comenzado y, como señaló David Morán (La Patilla, @morandavid), “elegir candidatos antes de tener fecha de elecciones es como fabricar hielo sin tener cavas”.

@carlosblancog
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