Los Lemay, una familia estadounidense al servicio de niños transgénero

Jacob Lemay, un niño transgénero de siete años, mira con sus padres, miran un álbum de fotos familiar antes de su transición, el 9 de mayo de 2017 en su casa en Melrose

(Redacción A Todo Momento) – “Es un error, soy un niño, no una niña”. Fue esta frase, repetida durante meses en casa y en la escuela y acompañada por crecientes señales de depresión lo que convenció a los Lemay: la pequeña Mia, nacida en 2010, debía pasar a ser Jacob a los ojos del mundo.

Mimi y Joe Lemay viven en una gran casa con jardín como muchas que hay en Melrose, en la periferia coqueta y familiar al norte de Boston.

Tienen dos hijas, de 8 y 4 años, y ahora un niño de 7, antes llamado Mia y rebautizado oficialmente como Jacob en 2014, a sus 4 años.

En momentos en que el debate sobre los niños transgénero sacude Estados Unidos, sobre todo tras la revocación en febrero por parte del Gobierno de Donald Trump de una norma de la era Obama que permitía a estudiantes transgénero utilizar los baños adecuados a su identidad de género, estos jóvenes padres comparten con otros la experiencia que estremeció sus certezas y sacudió a la familia.

Y su experiencia es al parecer similar a la de varios cientos de familias en Estados Unidos, según una página de Facebook dedicada al tema, aunque no hay cifras oficiales sobre la cantidad de niños transgénero.

Han pasado casi tres años desde que los Lemay aceptaron la “transición” de su hijo.

Aunque el entorno la aceptó generalmente bien, Mimi reconoce haber pasado “momentos difíciles”, “jornadas de dolor auténtico”.

“Soy muy feliz de ver a mi hijo desarrollarse plenamente, pero me preocupa también la hostilidad del mundo y hay también un sentimiento de pérdida”, dice.

Pero los Lemay no se arrepienten de nada: Jacob, con su cabello cortado a cepillo y que dice adorar tanto el fútbol como la costura con la sonrisa de un niño que pierde sus primeros dientes, recuperó rápidamente la alegría de vivir. Esa es “la mejor de las terapias”, según Mimi.

– La luz volvió a encenderse –

Apenas unas semanas después de la transición, cuenta Joe, Jacob “volvió a reír, estaba contento de levantarse por las mañanas”.

“Fue como si alguien hubiera súbitamente vuelto a encender la luz”, dice Mimi.

Esta madre de 40 años, criada en un hogar judío ultraortodoxo que abandonó cuando llegó a la mayoría de edad, subraya también cómo la ruptura con su pasado la ayudó a atravesar esta prueba.

Su marido, Joe, de 39 años y cofundador de una ‘start-up’ que hace cuadernos de notas digitales, también se muestra satisfecho de la decisión.

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