La negativa espiral venezolana, por: Francisco Layrisse

Recuperar una senda de crecimiento, para Venezuela, en el corto plazo luce muy comprometida, por el contrario, la crisis se profundiza a niveles cada vez más inimaginables. La crisis política alimenta y profundiza la crisis económica y social, estas a su vez profundizan más la crisis política retroalimentándose entre sí, convirtiéndose de esa manera en una espiral tormentosa que nos arrastra, cual huracán, a unos y otros. La tormentosa espiral se lleva consigo valores, sociedades, personas y va haciendo de la crisis venezolana un sálvese quien pueda.

La diáspora venezolana ha ocurrido de una forma más o menos ordenada, las salidas de los casi dos millones de venezolanos ha sido traumática en términos familiares pero la misma no ha tenido los impactos de las diásporas productos de las guerras, como es el caso de la guerra en Siria. La comunidad internacional observa con alarma lo que ocurre en Siria y las consecuencias que para la misma trae esa violenta y desorganizada emigración siria. No es ese el caso de la diáspora venezolana, como tampoco lo fue las movilizaciones internas de más de 6 millones de colombianos durante los 50 años de la guerrilla. Da pesar la diáspora venezolana, máxime cuando la misma representa una de las pérdidas más importantes de talentos, lo que significó importantísimos esfuerzos del país por hacerse de esos valiosísimos recursos humanos, hoy claramente despreciados por el régimen Castro Chavista.

El Castro Chavismo logro convertir nuestro país en uno de los de menor atractivo en el mundo, alejó inversionistas, turistas, artistas, instituciones. Hizo de nuestro país el de menor atractivo a la inversión extranjera, se distanció de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OEA y por último lo ha hecho poco atractivo hasta para los venezolanos. Alarmantes porcentajes de jóvenes venezolanos cifran su futuro en abandonar Venezuela en búsqueda de un mejor futuro para ellos.

La capacidad propia de Venezuela para salir adelante es por mucho insuficiente para el tamaño del problema, para el nivel de destrucción al que el Castro Chavismo ha sometido a Venezuela. La necesidad de un masivo auxilio financiero internacional aunado al esfuerzo propio sostenido por muchos años representa una meta imposible de alcanzar mientras el actual modelo político económico continúe gobernando Venezuela.

Venezuela no recibirá asistencia foránea, excepción hecha de la humanitaria tipo Cruz Roja Internacional, mientras persista el actual modelo político económico. La confianza mínima, el estado de derecho, el respeto por los derechos humanos que presenta el gobierno venezolano no estimulan la inversión y confianza de las instituciones financieras internacionales, así como tampoco de los grandes inversionistas.

El único sector venezolano con capacidad de reacción en el corto plazo lo constituye el sector petrolero. El momento no es favorable para la inversión petrolera privada pues en adición a las dificultades del propio país, el sector petrolero mundial pasa por una depresión que tomará varios años antes de que el mismo logre recuperarse. Por otra parte, el inversionista petrolero encuentra abundancia de oportunidades de inversión en sitios más favorables y menos riesgosos que Venezuela.

Nuestro país mantiene litigios con una variedad de inversionistas petroleros que contribuyen muy negativamente en generar un clima favorable a la inversión privada. La apuesta venezolana se reduce a una estabilización de los precios del crudo y luego a una posterior alza de los mismos. La sola estabilización se ha hecho difícil y precaria antes los niveles de producción petrolera alcanzados el presente año tanto por los sauditas como por los rusos. El regreso de Irán al mercado internacional y su lucha por recuperar su cuota de participación dificulta esa ansiada estabilización y mejora en los precios. El intento de incorporar a los rusos al cartel de la OPEP no termina de concretarse. El medio oriente en conjunto representa aproximadamente el 45% del crudo que se comercializa en el mundo, pero la exportación rusa de crudos y productos alcanza ya los 8,5 millones de barriles diarios, cifra muy respetable frente a los 20 millones de crudos y productos exportados diariamente desde el medio oriente. Es virtualmente imposible un acuerdo en la OPEP sin la participación rusa.

La espiral negativa venezolana no se detendrá por la vía petrolera, la misma solo será posible detenerla mediante la salida del actual modelo político, pero esto es condición necesaria pero no es suficiente pues se necesita simultáneamente de un increíble esfuerzo propio de reconstrucción y el auxilio financiero internacional.

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