Los diez días de la traición, por: Alfredo Michelena

¡Anatema! ¡Va de retro! Gritan muchos al escuchar la palabra «negociación». Ellos quieren que el chavismo capitule como si fuera Alemania o Japón después de perder la Primera o Segunda Guerra Mundial, respectivamente. ¡Pamplinas!

El castrochavismo se ha venido preparando para este momento por tres lustros tomando las instituciones, desarticulando las FAN y corrompiéndolas, creando milicias, organizando colectivos y desatando el hampa. Pero hemos logrado, con apoyo popular y de la comunidad internacional, sentarlos en la mesa a negociar su salida, en una encrucijada con dos opciones: elecciones o autogolpe de Estado, donde ellos aspiran salir lo mejor parados posible.

Quieren ganar tiempo en la inteligencia de que el año entrante con la entrega del Arco Minero y del petróleo a las trasnacionales, más el aumento del precio del barril, y lo que puedan negociar para mejorar la economía, entrará dinero suficiente para crear una ilusión de bienestar y ganar las elecciones. Pero ya “se les volteó el santo”.

Se empeñan en crear desasosiego y dividir a la oposición. Por eso las bravuconadas de Maduro y el ensañamiento contra Voluntad Popular. Muchos de buena fe caen en esa trampa. Ojo, no es que no existan riesgos en las negociaciones. Es un baile a dos y ellos juegan y duro. Pero hay que confiar en nuestros líderes y cerrar filas con ellos.

Con eso de «todo o nada» perdimos el Golfo de Venezuela por la terquedad principista del Congreso venezolano de no aceptar lo negociado con Colombia (tratado Pombo-Michelena), que nos daba la mitad de la Guajira y por lo tanto el Golfo. Ahora ni tenemos Guajira ni parte del Golfo. En una negociación hay que ceder algo para ganar algo. No solo es un problema de principios -y legalidades- sino de oportunidades.

Negociar con quienes secuestraron el país es difícil. Las pasadas las han ganado. Pero ahora tenemos la experiencia y a nuestro favor la Unidad, los votos y una gran mayoría ávida de cambio, junto a la majestad del Congreso, el apoyo de la comunidad internacional y la crucial presencia del Vaticano que es una barrera a las trapacerías propias de estos plagiarios.

Lo clave es la creciente capacidad de movilización de la MUD. Debemos cuidarla, fortalecerla y manejarla con inteligencia para aplicarla en los momentos oportunos. Y un liderazgo al que hay que apoyar para que mantenga el rumbo acordado. Nos han pedido 10 días para avanzar las negociaciones sino la calle y el choque de trenes. ¿Es mucho pedir después de 17 años?

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