El papa Francisco muestra al pontífice como todos lo imaginan

El largometraje protagonizado por Darío Grandinetti, que se estrena hoy en Venezuela, se basa en el libro publicado en 2014 por la periodista Elizabetta Piqué

(A Todo Momento – El Nacional) – Prefiere que lo llamen padre Jorge, sin importar la investidura que ostente. Jorge Bergoglio fue arzobispo de Buenos Aires y ahora es el Papa, pero siempre quiso mantener la simpleza y cercanía en el trato con los demás, especialmente con los más pobres.

Son datos que se saben desde que el argentino fue elegido obispo de Roma: que era humilde, le gustaba viajar en transporte público y era reacio a las comodidades que su jerarquía conlleva, que consideraba en extremo suntuosas.

De eso trata el largometraje El papa Francisco (2015) que se estrena hoy en Venezuela. El director Beda Docampo Feijóo filmó una historia basada en el libro Francisco. Vida y revolución de la periodista Elizabetta Piqué, publicado en 2014.

Si bien la cinta cuenta con una convincente actuación de Darío Grandinetti, la historia se queda corta al concentrarse en lo que ya bastante se ha dicho sobre el pontífice. No ahonda en detalles que aporten otra perspectiva a la opinión que se pueda tener hacia la máxima autoridad de la Iglesia católica.

El largometraje pretende inicialmente atender a los pormenores de la vida del protagonista al partir en la trama desde la juventud de Bergoglio, esos años en la casa familiar donde su madre soñaba con tener a un hijo médico. El primer conflicto surge cuando la señora se entera de que el muchacho decide ser sacerdote.

A la mamá le duele esa pretensión, pero manan de nuevo las esperanzas cuando en una fiesta el adolescente, ya seminarista, conoce a una mujer por la que se siente bastante atraído. Ambos son lectores y apasionados del tango, que bailan de una forma tan jovial y sugerente que llena de dicha a la progenitora.

Es así como el director marca un antes y un después, pero no muestra ningún momento más de duda ante la vocación, en todos los aspectos posibles, del futuro Papa.

Una parte importante de la trama se basa en las conversaciones de Bergoglio con una reportera llamada Ana (Silvia Abascal). La relación comienza cuando ambos se conocen en la víspera del cónclave que eligió a Joseph Ratzinger, en 2005, hasta que el argentino lo sucede en 2013.

Ana quiere saber cuál fue el papel que desempeñó el arzobispo durante la dictadura en Argentina, específicamente en el caso de unos sacerdotes jesuitas que fueron arrestados.

Pero no ocurre nada más allá de cortas conversaciones. No hay tensión ni conflicto en el resto de la película, sino un interés notable en destacar el carácter diáfano, impoluto y preocupado de Francisco por los más necesitados. En ese sentido, cumple parte de su cometido, sin sorpresas ni mayores revelaciones, tanto en lo privado como en lo público.

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